domingo, 6 de agosto de 2017

OSCURANTISMO POLITICO, BUSCANDO UNA SALIDA




Históricamente el término “oscurantismo político” tuvo su simiente en la época medioeval, se deriva de “Obscurans” que significaba oscurecimiento pero de la mente, consistía en no permitir que el saber llegue al pueblo, en mantener en la ignorancia a las clases populares. Entre sus características se menciona las siguientes: Usos de términos, restricción del conocimiento, prohibición de la expresión divergente, improductividad intelectual, malas condiciones de vida de la población, educación accesible solo a los sectores privilegiados, etc. 

Ahora bien, los especialistas de política en el mundo, sostienen que para evitar que esta amenazante figura se reactive, los Partidos Políticos actualmente necesitan sacudirse de sus ambiciones insaciables y costumbres inmorales, así como, realizar una revisión a fondo de sus idearios y de sus prácticas de gobierno. Expresan, que en las sociedades donde predominan  organizaciones políticas que contienen cierto sesgo con este “fenómeno político”, la democracia no funciona, porque acumulan demasiado poder y eliminan los controles y contrapesos del sistema; aprovechan su posición para prostituir los principios democráticos excluyendo a los ciudadanos en la toma de decisiones, carecen de filtros y garantías que impida que los caudillos, oportunistas, aventureros, o personas involucradas en procesos judiciales integren sus filas,  anulando cualquier barrera ética o legal que pueda poner límites a su dominio y poder. Los gobiernos elegidos en “democracia”, con esta clase de partidos políticos, no han conseguido contrarrestar ninguna de las lacras que hostigan a los Estados: corrupción, pobreza, desigualdad, injusticia, inseguridad, abuso de poder, conflictos sociales, violencia, etc.

 Por ejemplo, aproximadamente hace una década un analista político dijo: “que la clase política en el Perú ha muerto, esta insepulta y huele mal”. Han pasado los años y debo creer que tenía razón, los casos de corrupción gubernamental que afrontamos en estos últimos tiempos y sus consecuencias funestas dejan entrever que la calidad, la decencia, la prestancia y el desempeño ético  en la vida pública ha decrecido, se ha devaluado. Los partidos políticos tradicionales, cuna de los grandes líderes de antaño que brillaban con luz propia, se ha reducido a su mínima expresión, y otros no existen. Lo que predomina actualmente salvo excepciones, son: rezagos de otrora partidos tradicionales, “movimientos políticos emergentes”, “alianzas estratégicas de pseudos partidos regionales”, que se agrupan en cada proceso eleccionario para lograr presencia pública con afanes personalistas, o partidarios. Los principios ideológicos, la visión de país, los programas de gobierno y las propuestas de campaña, no son prioridades para sus fines de gobierno, son señuelos para captar más votos.

FUENTE : PERU 21
La imagen que la población tiene de sus gobernantes a los pocos meses de ser elegidos es alarmante: pérdida de confianza sobre cumplimiento de propuestas ofrecidas en campaña, falta de liderazgo que sostenga la gobernabilidad y los programas de gobierno, carencia de visión de futuro, desconocimiento del tipo de Estado que necesitamos para lograr el ansiado desarrollo, etc. Cada  proceso electoral se convierte en una estrategia partidaria para apoderarse del botín del presupuesto público por cinco años de mandato, lo que genera que el pueblo engañado reaccione con marchas de protesta, conflictos sociales, enfrentamientos con las fuerzas del orden, etc., porque es la única forma de hacerse escuchar. Este marco socio-político es prueba evidente, que los estilos de gobierno deben cambiar. No es posible que los candidatos a la Presidencia de la Republica, Congresistas, Gobernadores y Alcaldes, se les exija menos requisitos, condiciones profesionales y experiencia política, que a una secretaria o auxiliar de oficina; se requiere únicamente el apoyo de su partido o movimiento político que lo propone. Es poco para que el sistema sea confiable; por esa fisura llegan al poder los indeseables y los corruptos.

La nueva democracia debe restablecer los controles del poder, donde este sea realizado por las bases, no por las cúpulas. Es fundamental devolver el requisito de los valores éticos. Los gobiernos auténticamente democráticos no pueden gobernar en contra de la voluntad popular; cuando surjan conflictos de intereses, entre el gobierno y los ciudadanos, se debe recurrir a las facultades democráticas que establece la Constitución Política, como la consulta popular. Asimismo se debe exigir que los medios de comunicación abran sus espacios, para saber que piensa la población sobre los asuntos de interés general, de tal manera que la decisión política no sea unilateral sino consensuada.

No cualquier persona con un equipo de asesores, puede convertirse en un líder político. El liderazgo requiere de una base, una sustancia y un contenido solido. Los asesores pueden potenciar los puntos fuertes y mitigar las debilidades, pero las ideas y los valores son importantes. La política actualmente en la sociedad es una cuestión de percepciones, por eso el primer paso es la definición de su identidad, que no debe falsearse, sino estar basado en la realidad.
El escritor Jorge Muñoz Fernández dice: “vivimos tiempos en que los seres humanos, solemos celebrar acontecimientos inesperados con argumentos insensatos, sostener de manera obstinada errores, argumentar barbaridades o alardear sabiduría con razonamientos ingenuos”. Hasta ahora, somos objetos y cifras electorales, no somos todavía sujetos libres y soberanos, al contrario, políticamente actuamos como seres autómatas.

Es tiempo que los gobiernos del Perú, pongan orden a la situación política interna desordenada y violenta en la cual estamos atrapados hace años, para ello se necesita una nueva visión de Estado, una “clase política” con verdaderos principios ideológicos, autoridad y solida moral, capaz de unirnos en una sola nación y organizar una sociedad moderna y desarrollada acorde a las exigencias del nuevo milenio y una dirección consensuada con una población satisfecha.

Fernando Sabater decía: “la búsqueda del sentido de la vida es para los seres humanos satisfechos”; pero, como satisfacer la necesidad de una diversidad social, que muchas veces no tiene límites y donde los gobiernos se sienten impotentes. La sociedad tiene dos formas por excelencia, la “educación y las leyes”; para ello se requiere la decisión de reformar todas nuestras instituciones que actualmente son anacrónicas y desfasadas para alcanzar la luz a través del túnel del tiempo.    



Cnel. PNP (r) Julio Cesar Garazatua Vela.