Históricamente
el término “oscurantismo político” tuvo su simiente en la época medioeval, se
deriva de “Obscurans” que significaba oscurecimiento pero de la mente,
consistía en no permitir que el saber llegue al pueblo, en mantener en la
ignorancia a las clases populares. Entre sus características se menciona las
siguientes: Usos de términos, restricción del conocimiento, prohibición de la
expresión divergente, improductividad intelectual, malas condiciones de vida de
la población, educación accesible solo a los sectores privilegiados, etc.
Ahora bien, los
especialistas de política en el mundo, sostienen que para evitar que esta
amenazante figura se reactive, los Partidos Políticos actualmente necesitan sacudirse
de sus ambiciones insaciables y costumbres inmorales, así como, realizar una
revisión a fondo de sus idearios y de sus prácticas de gobierno. Expresan, que
en las sociedades donde predominan organizaciones políticas que contienen cierto
sesgo con este “fenómeno político”, la democracia no funciona, porque acumulan
demasiado poder y eliminan los controles y contrapesos del sistema; aprovechan
su posición para prostituir los principios democráticos excluyendo a los
ciudadanos en la toma de decisiones, carecen de filtros y garantías que impida
que los caudillos, oportunistas, aventureros, o personas involucradas en
procesos judiciales integren sus filas, anulando cualquier barrera ética o legal que
pueda poner límites a su dominio y poder. Los gobiernos elegidos en
“democracia”, con esta clase de partidos políticos, no han conseguido
contrarrestar ninguna de las lacras que hostigan a los Estados: corrupción,
pobreza, desigualdad, injusticia, inseguridad, abuso de poder, conflictos
sociales, violencia, etc.
Por ejemplo, aproximadamente hace una década
un analista político dijo: “que la clase política en el Perú ha muerto, esta
insepulta y huele mal”. Han pasado los años y debo creer que tenía razón, los
casos de corrupción gubernamental que afrontamos en estos últimos tiempos y sus
consecuencias funestas dejan entrever que la calidad, la decencia, la
prestancia y el desempeño ético en la
vida pública ha decrecido, se ha devaluado. Los partidos políticos
tradicionales, cuna de los grandes líderes de antaño que brillaban con luz
propia, se ha reducido a su mínima expresión, y otros no existen. Lo que
predomina actualmente salvo excepciones, son: rezagos de otrora partidos
tradicionales, “movimientos políticos emergentes”, “alianzas estratégicas de
pseudos partidos regionales”, que se agrupan en cada proceso eleccionario para
lograr presencia pública con afanes personalistas, o partidarios. Los
principios ideológicos, la visión de país, los programas de gobierno y las
propuestas de campaña, no son prioridades para sus fines de gobierno, son
señuelos para captar más votos.
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| FUENTE : PERU 21 |
La nueva
democracia debe restablecer los controles del poder, donde este sea realizado
por las bases, no por las cúpulas. Es fundamental devolver el requisito de los
valores éticos. Los gobiernos auténticamente democráticos no pueden gobernar en
contra de la voluntad popular; cuando surjan conflictos de intereses, entre el
gobierno y los ciudadanos, se debe recurrir a las facultades democráticas que
establece la Constitución Política, como la consulta popular. Asimismo se debe
exigir que los medios de comunicación abran sus espacios, para saber que piensa
la población sobre los asuntos de interés general, de tal manera que la
decisión política no sea unilateral sino consensuada.
No cualquier
persona con un equipo de asesores, puede convertirse en un líder político. El
liderazgo requiere de una base, una sustancia y un contenido solido. Los
asesores pueden potenciar los puntos fuertes y mitigar las debilidades, pero
las ideas y los valores son importantes. La política actualmente en la sociedad
es una cuestión de percepciones, por eso el primer paso es la definición de su
identidad, que no debe falsearse, sino estar basado en la realidad.
El escritor Jorge
Muñoz Fernández dice: “vivimos tiempos en que los seres humanos, solemos
celebrar acontecimientos inesperados con argumentos insensatos, sostener de manera
obstinada errores, argumentar barbaridades o alardear sabiduría con
razonamientos ingenuos”. Hasta ahora, somos objetos y cifras electorales, no
somos todavía sujetos libres y soberanos, al contrario, políticamente actuamos
como seres autómatas.
Es tiempo que
los gobiernos del Perú, pongan orden a la situación política interna
desordenada y violenta en la cual estamos atrapados hace años, para ello se
necesita una nueva visión de Estado, una “clase política” con verdaderos
principios ideológicos, autoridad y solida moral, capaz de unirnos en una sola
nación y organizar una sociedad moderna y desarrollada acorde a las exigencias
del nuevo milenio y una dirección consensuada con una población satisfecha.
Fernando Sabater
decía: “la búsqueda del sentido de la vida es para los seres humanos
satisfechos”; pero, como satisfacer la necesidad de una diversidad social, que
muchas veces no tiene límites y donde los gobiernos se sienten impotentes. La
sociedad tiene dos formas por excelencia, la “educación y las leyes”; para ello
se requiere la decisión de reformar todas nuestras instituciones que
actualmente son anacrónicas y desfasadas para alcanzar la luz a través del
túnel del tiempo.
Cnel. PNP (r) Julio Cesar Garazatua Vela.
