miércoles, 25 de mayo de 2016

ARMAS DE FUEGO Y DELINCUENCIA BINOMIO LETAL




El crimen y la violencia continúan imparables en las calles del Perú; Lima, el Callao, y la mayoría de las ciudades y zonas rurales del país están expuestas a los embates de la criminalidad. Ninguna persona está exenta de sufrir el robo de sus bienes, e incluso la pérdida de la vida si de pretender defender sus pertenencias se trata; como lo que sucede últimamente con la escalada de hurto de celulares con resultados fatales en algunos casos. Estos graves acontecimientos que se suscitan diariamente, y difundido continuamente por los medios de comunicación hablada y escrita, aumenta el temor de la población, incrementa la sensación de inseguridad ge 
neralizada, y merma la credibilidad del accionar policial en la lucha contra el desborde delictivo. 


Sin embargo, esta problemática omite resaltar un hecho importante, que casi no se toma en cuenta en la sucesión de las actividades criminales en el país, la gravedad del delito por usar armas de fuego en el momento de ejecutar el acto criminal cualesquiera que fuere; generalmente la preocupación y los esfuerzos de los órganos de seguridad, se orientan a ubicar y detener a los presuntos culpables del delito para ponerlos a disposición de la justicia, sin considerar que una prueba contundente de culpabilidad en casos de homicidio u otras acciones delictuales, es el de portar ilegalmente armas de fuego y que estas sean robadas. Es sabido que desde los pandilleros hasta los sicarios, todos portan armas sin restricción alguna, pero en las detenciones son pocas las armas incautadas empleadas en la comisión de los delitos. 

Ahora bien, algunos especialistas en el tema sostienen que las armas de fuego tienen un papel protagónico en los delitos de homicidio a nivel mundial. Se usan con más frecuencia por su elevado efecto letal. Esta característica homicida es particularmente dominante en América Latina, donde las dos terceras partes de crímenes se cometen con armas de fuego, y constituyen una amenaza para la seguridad de la población de cualquier país. Descubrir y erradicar los delitos relacionados con armas de fuego, dependen de la comunicación rápida y oportuna de los datos pertinentes por parte de los órganos de seguridad y justicia, y particularmente del rastreo eficaz de tales armas a nivel internacional a través de la INTERPOL. 

El investigador de la Universidad Católica Jaris Mujica manifiesta, que a pesar de lo que muchos creen, no hay un mercado ilegal establecido de armas de fuego en Lima, y a diferencia de otros países de la Región, es difícil conseguir un arma a un precio asequible para la delincuencia común. El mercado informal de armas de fuego es pequeño, precario y de difícil acceso, tiene una oferta restringida, pocos compradores, y no está establecido en espacios regulares. Aun así, las armas cortas o de puño, son las más utilizadas en los asaltos, crímenes y otros delitos. Según Mujica, lo que se tiene es un sistema de recirculación de este tipo de armas entre los mercados formales e informales, que crean un mercado negro que nutre a la delincuencia común, y dependen no del contrabando, sino de las armas que entran legalmente al país. 

Ante el incremento del uso de armas de fuego por la delincuencia, el actual gobierno dispuso reestructurar la Dirección General de Control de Servicios de Seguridad, Control de Armas, Munición y Explosivos de Uso Civil (DICSCAMEC), que dependía orgánicamente del Ministerio del Interior; y crea mediante Decreto Legislativo Nro. 1127 del 07-Diciembre-2012, la Superintendencia Nacional de Control de Servicios de Seguridad, de Armas, Munición y Explosivos de Uso Civil (SUCAMEC), como un organismo técnico especializado, adscrito al Ministerio del Interior; con autonomía administrativa, funcional y económica, encargado entre otras funciones de: controlar, administrar, autorizar, capacitar, supervisar, fiscalizar, normar y sancionar, las actividades en el ámbito de los servicios de seguridad privada, fabricación y comercio de armas, municiones y conexos, explosivos y productos pirotécnicos de uso civil. Para tal efecto, dice la norma, debe coordinar con los sectores afines con la finalidad de preservar la paz, la seguridad y el bienestar social de los ciudadanos. 

Asimismo, con el propósito de reforzar la lucha contra el tráfico ilícito de armas de fuego en el país, la Policía Nacional ha creado en Mayo-2014, la División de investigación de tráfico ilícito de armas, munición y explosivos (DIVITIAME), unidad dependiente de Dirección de Investigación Criminal (DIRINCRI), para combatir el mercado negro de este delito.Pero a pesar de la creación de estos dos órganos especializados, el tráfico ilegal de armas en el Perú crece, al mismo ritmo con que avanza la delincuencia común y el crimen organizado. Según información de la SUCAMEC existe 180,000 armas con licencias vencidas, es decir están en situación ilegal; esta estadística no toma en cuenta la cantidad de armas que ingresan en forma clandestina (contrabando), las armas ilegales que se comercializan en los mercados negros, que se nutren de las armas robadas al personal policial, militar, a personas civiles con licencia legal, y a los establecimientos formales (empresas de seguridad privada), etc. Más de 1,500 armas de fuego son robadas, o se pierden cada año en el país, con las que cualquier delincuente o bandas organizadas pueden armarse en cualquier momento para cometer un delito; por ejemplo en una reciente intervención policial a una armería clandestina, se incauto 108 armas de fuego ilegales, donde se podía comprar pistolas y revólveres desde cien soles. 

La percepción social sobre los organismos creados para contrarrestar el tráfico ilícito de armas de fuego en el país, es que son entidades deficientes y burocráticas. Tal es así, que ante el incremento de muertes por armas de fuego, surgen voces para armar a los ciudadanos para su defensa, lo cual lógicamente no es una solución valedera, al contrario esta medida elevaría el nivel de violencia y del crimen. El debate debería estar centrado en como optimizar las funciones del SUCAMEC como órgano rector del sistema, particularmente en mejorar los procesos de evaluación, posesión y control de las autorizaciones (licencias) de armas de fuego, así como corregir una serie de dificultades de la cual adolece, como la ineficacia de sus funcionarios, operadores, etc.; instrumentos de evaluación poco efectivos y alta exposición a la corrupción. 

Además, las alternativas de solución a este problema también deben estar orientadas a descubrir los puntos ilegales del comercio clandestino de armas, e identificar y detener a las personas y organizaciones que trafican con armas ilegales y que proveen especialmente a la
delincuencia y al crimen organizado. Para ello, se requiere una estrecha coordinación y articulación entre las diversas entidades afines a esta problemática, tales como: SUCAMEC, Policía Nacional, Ministerio Publico, Poder Judicial, Migraciones, Aduanas y las Unidades de Control de Fronteras. Asimismo, se debe endurecer las penas, en el sentido que toda persona que posea un arma con la licencia vencida debe ser sujeto de sanción penal; y si el arma es robada la pena debe ser más severa, tanto para el comprador como para el vendedor. 

Actualmente, los responsables de las Empresas de Seguridad Privada solo son multados con el 50% de una UIT, por la posesión de armas sin autorización. Además, por tenencia de armas y material de guerra, reciben una multa de cinco mil setecientos soles; y el Código Penal considera penas de 6 hasta 15 años, por tenencia y comercialización ilegal de armas de fuego. 

Es vital que el Estado y los Gobiernos, muestren mayor preocupación por el problema del tráfico ilegal de armas en el país, es necesario reorientar las estrategias de las instituciones de seguridad y justicia para contrarrestar este flagelo en todas sus aristas, es una alternativa valedera para disminuir la inseguridad ciudadana y la indefensión social. 


                                                                                              Cnel. PNP (r) Julio Cesar Garazatua Vela
 

lunes, 2 de mayo de 2016

SOCIEDAD Y DEMOCRACIA, REALIDAD Y DESENCUENTROS

Nunca como ahora, la relación entre sociedad y democracia enfrenta serios desencuentros difícil de superar en el Perú; el enrevesado proceso electoral realizado el 10-Abril-2016 con 10 candidatos a la Presidencia de la Republica (inicialmente fueron 19), refleja la punta del iceberg que esconde una serie de problemas (políticos, sociales, judiciales, etc.) cada cual más preocupante que el otro, y lo grave de este asunto es que hace décadas no se vislumbra ningún tipo de medidas para solucionar estas anomalías.

Los acontecimientos que se suscitan en cada proceso electoral, han delineado un nuevo “estilo” de hacer política en el país; donde las denominadas “tachas”, las “encuestas”, las exclusiones y los insultos de todo calibre, han reemplazado a los planes de gobierno, las “propuestas” viables, y los debates alturados, como instrumentos democráticos para acceder al poder; y los que normalmente deben emplear los candidatos para alcanzar los votos ciudadanos.

Este nuevo “estilo” político ha devaluado la práctica democrática en la sociedad peruana, con la anuencia del Estado, del Gobierno, de la clase política, y la complicidad del Jurado Nacional de Elecciones, institución que en este último proceso que esta por culminar, ha tenido una actuación lamentable, que la muestra inviable para conducir adecuadamente estos eventos electorales; al parecer, este mal desempeño se debe entre otras a las causas siguientes: su estructura orgánica considera tres órganos autónomos y descoordinados (ONPE, RENIEC , JURADO NACIONAL DE ELECCIONES), que toman decisiones propias para liderar una sola tarea; y una burocracia toxica enquistada en los Jurados Electorales Especiales (JEE), que en lugar de evidenciar conocimientos técnico-jurídicos e imparcialidad política para solucionar problemas en sus área de responsabilidad, generan dudas y conflictos en sus decisiones, lo que ensucia cualquier proceso democrático.

Ahora bien, para corregir esta problemática debemos tener en cuenta que actualmente el mundo enfrenta una convergencia de crisis y el Perú no es ajeno a ello; crisis que afecta el ámbito social, familiar, de valores, y particularmente los regímenes políticos que han perdido la confianza del pueblo. El sistema democrático considerado el último bastión de equilibrio político en el mundo, se ha deteriorado en el continente; al parecer, porque los Estados no han sabido interpretar oportunamente los cambios vertiginosos en este aspecto que se están dando en el planeta desde 1970. Si nos preguntáramos con honestidad ¿Por qué los peruanos nos estamos acostumbrando a elegir el “mal menor” en nuestros procesos electorales?, ¿tiene la sociedad peruana experiencia democrática? Seguramente la historia nos enrostraría, que el sistema democrático en el país ha sido y es incipiente, endeble, con antecedentes accidentados (interrumpida en algunos periodos por golpes de Estado), estática, sin partidos políticos adecuadamente organizados, con proliferación de organizaciones y movimientos regionales que se forman alrededor de un caudillo, o se conducen por dirigentes inamovibles en los cargos partidarios, y con un Estado ajeno y distante del pueblo.

Además, el país no tiene una “clase política” formada, ni partidos políticos que promuevan a nuevos líderes capaces de enfrentar los cambios del tercer milenio con visión de nación y de futuro; generalmente debemos elegir entre los candidatos de siempre que nos presentan los partidos políticos reciclados, y los desconocidos sin la experiencia necesaria que se aventuran a participar en esta disputa electoral, denominados “outsider”, los que muchas veces generan adhesión en la población y favoritismo en las encuestas, por el rechazo a los políticos tradicionales.

ALVIN TOFFLER
Hace 35 años el escritor Alvin Toffler, sostenía que los líderes del mañana tal vez tengan que enfrentarse a una sociedad mucho más descentralizada, más diversa y desmasificada, una sociedad de “minorías”, que exija replantear el concepto de “Democracia”. La construcción de una nueva sociedad decía Toffler, implica el diseño de nuevas estructuras políticas, no porque las actuales sean malas, sino porque serán inviables e inadecuadas para las necesidades del futuro. Manifestaba, que los gobiernos deben ser colegiados y consensuados, porque los problemas serán tan básicos e interdependientes que no podrán ser resueltos por un solo hombre, o un solo sector. La organización política agrupada en Ministerios orientados a campos concretos: economía, salud, educación, trabajo, etc., tiende a ser anticuado, porque los problemas sociales, económicos y políticos están entrelazados, por ejemplo: la contaminación ambiental requiere la participación de sectores y organismos diversos; el intento de tratar por separado cualquier problema, o de enfocar solamente una parte y no su totalidad, genera rechazo, cuestionamiento y por ende conflictos. Lo importante es producir soluciones coordinadas, colegiadas y consistentes.

Otro aspecto que deben tomar en cuenta nuestros políticos, es que el imperio de la mayoría principio legitimador del pasado se está tornando anticuado. Actualmente no son las mayorías las que cuentan, sino las minorías; los sistemas políticos deben reflejar crecientemente este hecho, en razón que los Estados se están convirtiendo rápidamente en sociedades desmasificadas en lugar de sociedades altamente estratificadas. Tenemos sociedades configurativas en la que cientos de minorías se organizan en defensa de sus propios intereses y exigen soluciones a sus problemas, por ejemplo: los mineros, los moto taxistas, los jubilados, cocaleros, etc. Es la falta de instituciones políticas apropiadas lo que agudiza innecesariamente el conflicto hasta el borde de la violencia, y hace intransigente a las minorías.

Finalmente, es bueno recordar que el agotamiento del “consenso” trastoca el concepto de la representación. Los representantes elegidos saben cada vez menos acerca de los innumerables problemas sobre los que deben decidir, y se ven obligados a confiar en el criterio de sus consejeros y asesores, aumentando la burocracia y el desgobierno. Más claro, el “representante” ya no se representa ni a sí mismo. Por ello, los gobiernos, los congresistas, las autoridades regionales y municipales no pueden conocer las necesidades de las numerosas minorías que nominalmente representan, mucho menos negociar con efectividad las verdaderas causas de los problemas. Lo que explica porque algunas minorías radicalizan su posición, y sus exigencias se vuelven innegociables, lo que paraliza la función institucional y propicia conflictos y represión política.


Es tiempo de percatarnos que el nuevo concepto de democracia, exige mayores canales de participación ciudadana en la toma de decisiones. Es el momento que como nación revisemos nuestras alternativas, para poder elaborar un proyecto nacional inclusivo y reconstruir un nuevo sistema político que nos permita la transición pacífica a la democracia del siglo XXI.


Cnel. PNP (r) Julio César Garazatúa Vela