martes, 17 de enero de 2017

SEGURIDAD PUBLICA: CUANDO LA PROTESTA ES UNA TERAPIA

Protestar por la inseguridad crónica que vive el Perú, es una necesidad natural que nace del temor de convertirnos en víctimas de la delincuencia y del crimen organizado que crece incesantemente; es llamar la atención de un Estado aletargado, conformista, rutinario y de un Gobierno que aun no atina a contrarrestar en forma efectiva el caos, el desorden y la inseguridad pública, que azota el país hace décadas. Por ello, es entendible el malestar del pueblo por el estado de  indefensión en que se encuentra ante los embates del delito; es comprensible las marchas de protesta de la población enardecida, ante la incapacidad de los órganos de seguridad y justicia para restablecer la seguridad y la tranquilidad pública; de cuestionar las propuestas y promesas electorales reiteradamente incumplidas, considerándolas un maltrato a la  confianza  ciudadana, que todavía cree en el sistema democrático para solucionar  sus problemas; como por ejemplo: la fantasía de  controlar el desborde de la delincuencia en los primeros cien días; o devolver a los pensionistas de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional su “pensión renovable”, abusiva e inconstitucionalmente arrebatada por el ex presidente Ollanta Humala, etc. Pero lo grave de este asunto, es que hasta ahora no aprendemos la lección, seguimos cometiendo el error de siempre, elegir como gobernantes a personas equivocadas, para luego ser burlados impunemente.

Ahora bien, hace aproximadamente tres décadas los ministros del interior de los diferentes gobiernos, han  adoptado la mala costumbre de efectuar como primera medida política al asumir sus cargos, pasar a la situación de retiro a un número considerable de oficiales policiales de diversos grados, argumentando la necesidad de reorganizaciones y reformas policiales, y al exceso de personal en la cúpula policial. Este maltrato que se repite en cada gobierno,  convierte a la policía nacional en una suerte de “Institución laboratorio”, y a sus integrantes en “conejillos de indias”, ante la actitud impasible, quieta,  sin reflejos ni reacción alguna del Comando Policial para defender los “fueros institucionales”, establecidos en el Articulo 166 de la Constitución Política del Perú y demás disposiciones jurídicas existentes sobre el tema.

 Al parecer, el Ejecutivo aun no quiere entender que estos continuos maltratos públicos a la institución policial y a sus integrantes, deteriora la imagen de una institución vital del Estado, debilita la mística y la moral policial, merma el accionar funcional, y denigra el honor y la dignidad de los buenos policías que son la mayoría; más aun, acrecienta la inseguridad pública, alimenta la falta de respeto de la población a la autoridad de la que está investido el personal policial,  incrementándose los casos de agresión  a policías en el cumplimiento de sus funciones; sin mencionar el daño que causa al Orden Interno y a la seguridad ciudadana.

Además, de la difícil situación arriba descrita que afronta la Institución Policial, existe otro problema que se deriva de la nueva Ley del Ministerio del Interior (Ley Nro.29334), la misma  que en su nueva versión desarticula los órganos de línea  que mantenía la anterior estructura orgánica; tal es así, que actualmente las ex Direcciones Generales de Gobierno Interior, DISCAMEC y Migraciones, se consideran organismos autónomos adscritos al sector interior, sin dependencia directa del Ministro, y solamente considera como órgano de línea dependiente del sector a la Dirección General de la Policía Nacional. Esta nueva organización deja entrever, que el Ministerio del Interior para cumplir con su responsabilidad política de restablecer y mantener la seguridad interna, y la lucha contra la criminalidad, dispone solo de un órgano de línea, y de un aparato administrativo-burocrático sobredimensionado. Este tipo de organización debilita la capacidad operativa funcional del Ministerio para cumplir adecuadamente con su finalidad  asignada; propicia que el Ministro del Interior sea cuestionado públicamente por los desaciertos políticos, y los magros resultados contra la inseguridad ciudadana; y su confusa actuación, a veces política, y en otras   como Director General de la Policía Nacional, confunde el verdadero rol político que le toca desempeñar; lo que ocasiona que el Director General de la Policía sea ignorado funcionalmente, sin posibilidad de ejercitar plenamente el comando institucional, que por ley le corresponde.


En tal sentido, reitero una vez más, que es indispensable corregir este error de organización en la Ley del Ministerio del Interior, para recuperar y optimizar la lucha contra el delito en forma integral, toda vez que los organismos: Gobierno Interior, SUCAMEC y Migraciones deben volver a ser dependientes del sector, de tal manera que el Ministro recupere el pleno liderazgo político en la tarea de garantizar la seguridad interna en el país, y las cuatro Direcciones especializadas incluyendo a la Policía Nacional puedan actuar en forma colegiada y coordinada en los diversos campos propios de cada uno, a través de una estrategia técnica sectorial que permita contrarrestar los conflictos sociales, la inseguridad pública, la delincuencia y el crimen organizado.



Actualmente, toda la carga  funcional de la lucha contra estos flagelos  se recarga en las unidades operativas de una sola institución la Policía Nacional;  esta problemática se agrava, cuando al parecer las coordinaciones estratégicas y tácticas, intersectoriales: interior, justicia y ministerio público, ignoran al Director General de la Policía Nacional, y generalmente se realizan con el Vice ministro de Orden Interno, lo cual es un error garrafal de estrategia sectorial, porque vulnera los principios de comando institucional, y peor aún, propicia usurpación de funciones, errores tácticos, por ende, cuestionamientos públicos de ineptitud  institucional; como por ejemplo, a la fecha se acrecienta el empleo masivo de armas de fuego en la ejecución de delitos, continúa en forma ascendente los delitos callejeros, asaltos a empresarios y cambistas, se incrementa  el ingreso de delincuentes extranjeros, y fugas de personas requisitoriadas por  nuestras fronteras, puertos y aeropuertos, etc.  



Finalmente, es indispensable tomar decisiones urgentes en cuanto a perfeccionar el contenido de la nueva Ley Nro. 1267- Ley de la Policía Nacional promulgada el 18 de Diciembre del 2016. Lo sugiero sin ningún afán de figuración o crítica destructiva, simplemente para coadyuvar a mejorar una norma que va a regir la finalidad y las funciones de una institución tutelar del Estado en beneficio de la sociedad a la que sirve; en ese sentido sugiero decidir entre 2 acciones, que a continuación se indica: revisar y corregir aspectos sustanciales de la norma que modernicen su accionar con visión de futuro y que no colisione con la Constitución Política del Perú; o, elaborar una nueva Ley de la Policía Nacional a cargo de un equipo del Instituto Nacional de Altos Estudios Policiales (INAEP), asesorado por profesionales de reconocida capacidad en el tema, liderado por jefe del Comité de asesoramiento ministerial. En un próximo articulo hare conocer mi opinión personal sobre el contenido de la norma, con la única intención de colaborar a la distancia con mi modesto aporte producto de mi conocimiento y experiencia sobre este asunto, y que la institución policial exige en estos momentos de cambio, a sus integrantes en situación de actividad y retiro.    


Cnel. PNP (r) Julio Cesar Garazatua Vela