jueves, 10 de diciembre de 2015

REQUIEM POR LA HUMANIDAD



El editorial del diario “La Republica” del 17 NOV2015, titulado “Ataque contra el Mundo”, dice en su último párrafo lo siguiente: “Los cañones y las bombas no se han silenciado. La masacre de Paris, como centenares de masacres que suceden a diario en los pueblos ahora sometidos a la vorágine de la violencia, es por ahora un hito. Al mundo solo le queda exigir paz, negociación, acogida a los inmigrantes en lugar de satanizarlos y sentido común del poder, y de los hombres del poder. No olvidemos que no hay dioses buenos y dioses malos. Recordemos más bien las palabras del niño sirio antes de morir “voy a contarle todo a Dios”. 

Dicen que la historia de nuestros pueblos está escrita sobre la tumba de los héroes y mártires, que ofrendaron sus vidas en la defensa de los más altos ideales y valores patrios; pero contradictoriamente a esta reflexión, pienso que la historia de la humanidad está sembrada por los cadáveres de millones de hombres, mujeres y niños inocentes que fallecieron en guerras estúpidas, quizás sin haber entendido nunca de ideologías radicales, de fundamentalismos religiosos, de fanatismos políticos, de valores democráticos que jamás se practicaron, etc. Murieron porque a pesar de siglos de existencia de la raza humana, no hemos aprendido todavía a convivir en paz; porque la guerra, los genocidios, la violencia, el odio, el hambre, aun son instrumentos para obtener poder, porque el fin justifica los medios. Murieron porque los organismos internacionales, como la ONU, la OEA, la FAO, la OMS, entre otros, creados para detener estos “apocalipsis elaborados”, son incapaces de controlar la barbarie y los ímpetus genocidas, de orates fantasiosos de creerse dioses en un mundo que se desangra, se degrada y se destruye paulatinamente. 

En estos episodios regresivos todos somos culpables de la muerte del niño sirio, y de todos los inocentes que fallecen diariamente por la guerra o por el hambre. Ningún Estado por poderoso o débil, grande o pequeño, puede exculparse de estos crímenes de lesa humanidad. Pero la realidad nos demuestra que en estas circunstancias siempre miramos la “paja en el ojo ajeno”; hemos dividido el mundo entre “buenos y malos”, y la consigna impuesta por los “Estados Imperio” es que hay “aniquilar a los malos”, que siempre son los otros, sin tener en cuenta que el “daño colateral” a la humanidad es mayor que el objetivo político propuesto por aquellos que siempre tienen la razón.
Hace 30,000 años los “homos sapiens” eliminaron a los “neandertales”. 30,000 años después muchas poblaciones continúan exterminando sistemáticamente a otros grupos sociales o raciales; al parecer no hemos aprendido nada. José Stalin decía: “la muerte de una persona es un hecho trágico, pero la muerte de 1, 000,000 es simple estadística”; los mayores genocidios que sucedieron y suceden en el mundo a través de las guerras, o luchas intestinas así lo confirman, la muerte de millones de personas siguen siendo estadísticas en la historia de la humanidad. 

Los científicos y los sabios del mundo, pronostican que el planeta tierra, nuestro planeta, poblado por más de seis mil millones de personas, está en grave riesgo de destrucción; y consideran que una de las causas posibles de ello, puede venir del espacio sideral en forma de meteorito e impactar con la “tierra”. Otros aseguran que las fuerzas de la naturaleza a través del desplazamiento de las placas tectónicas en la corteza terrestre, generan terremotos y maremotos (tsunamis) de grandes dimensiones o avivan volcanes, fenómenos que se están dando en muchas zonas del mundo con las consecuencias destructivas del caso. Pero los más sensatos, sostienen que somos nosotros mismos los que estamos acelerando nuestra propia destrucción; con la industrialización imparable de las grandes corporaciones que no tienen patria ni bandera, a quienes no les importa contaminar el planeta entero, generando el “efecto invernadero” una de las causas silenciosas que va deteriorando la naturaleza y con ella la vida en la tierra. También en este camino se encuentran los Estados del “primer mundo” y empresas transnacionales fabricantes de armas de todo tipo, cada cual más moderna y con mayor poder de destrucción; que con afanes económicos y de dominio geopolítico, azuzan conflictos y propician guerras, entre otras causas que sería tedioso enumerar. 

Me pregunto: ¿somos conscientes de la barbarie en la que vivimos?, o somos insensatos y coadyuvamos al suicidio masivo de la humanidad. Seguramente, que en estos momentos que escribo este artículo millones de personas están muriendo en el mundo por razones que nadie podrá explicar; personas ignoradas, desconocidas, sin monumentos ni honores, fallecen para que el mundo “evolucione” en una vorágine de poder, violencia, ambición y tecnología.
Los medios de comunicación del Perú y del mundo condenan con razón la masacre de Paris, y recuerdan con emotividad los últimos momentos de vida de las víctimas del atentado perpetrado por ocho miembros del Estado Islámico. Pero se desconoce la historia de vida de los miles de inocentes que perecen diariamente en el “otro lado”, a causa de los bombardeos incesantes, o intentando huir de la muerte en un éxodo masivo hacia otros Estados, donde muchas veces son rechazados y obligados morir en el intento. 

Episodios Dantescos como lo ocurrido en Paris y de lo que puede estar sucediendo en otros Estados del mundo, es una señal de nuestros tiempos que muestra la necedad del ser humano, que la ansiada evolución de la humanidad de vivir en paz aún no ha llegado, porque los gobernantes de nuestros países y los organismos internacionales son incapaces de detener estos holocaustos y tomar decisiones más efectivas para proteger la vida en el planeta; seguimos pensando que mientras “no se metan conmigo”, los problemas de los demás no me interesan; ojalá que cuando tengamos que actuar no sea demasiado tarde. Sin embargo en medio de este caos de dolor y muerte, siempre existen comportamientos ejemplares y sentimientos dignos de imitar por los gobernantes del mundo, como la de Antonio Leiris uno de los deudos de la masacre de Paris, que por las redes sociales les escribió a los asesinos de su esposa lo siguiente: “Me robaron la vida de un ser excepcional, pero no tendrán mi odio. Quieren que tenga miedo, que sacrifique mi libertad por la seguridad y no, no lo conseguirán”. 





Cnel. PNP (r) Julio Cesar Garazatua Vela