viernes, 2 de septiembre de 2016

INSEGURIDAD PÚBLICA: UN DIA DESPUES DE MAÑANA







El nuevo Gobierno del Perú, ha iniciado su mandato con una aureola de esperanzas y expectativas en la población nacional, un porcentaje de más del 60% de credibilidad y confianza en el primer mes así lo aseveran. En ese sentido, los ministros en las diferentes carteras han delineando someramente en estas primeras semanas el marco político que orientara el desarrollo sectorial que ejecutaran en estos primeros meses, lo cual ha sido expuesto, en la primera presentación del gabinete ministerial ante el Congreso de la Republica para lograr el “voto de confianza”, el cual ha sido otorgado por amplia mayoría, lo que les permite ir consolidando los objetivos de Gobierno propuesto por el Presidente de la Republica en el mensaje inaugural de su mandato. 

Ahora bien, el sector interior es el que en estos momentos genera mayores expectativas en el desempeño de su gestión ministerial, por evidentes razones, ha heredado una situación de criminalidad desbordada sin freno, sin control; una inseguridad pública galopante, y una administración interna con visos de corrupción. Para superar estos anacrónicos problemas, el Ministro del Interior ha hecho conocer lo diez puntos más importantes de 29 elaborados en su plan operativo para los primeros cien días, entre ellos: masificar el sistema de recompensas para capturar a los delincuentes más buscados; ejecución de 30 mega operativos a nivel nacional; incrementar 500 detectives para investigación criminal; implementar equipos de inteligencia de alta complejidad; establecer patrullaje integrado PNP-Serenazgo con 800 vehículos; fortalecer el trabajo colegiado contra el delito PNP-Ministerio Publico-Poder Judicial; implementar el sistema GPS, para controlar la ubicación y el trabajo policial, entre otros. 

Sin embargo, el debut del actual Ministro del Interior no ha sido nada auspicioso, al no poder liderar políticamente un problema policial interno, publicitado incesantemente por los medios de comunicación, sobre la existencia de un supuesto “escuadrón de la muerte”; que inicialmente se especulaba que estaba integrada por 96 efectivos policiales, para luego, el mismo ministro tener que admitir públicamente ante la Comisión de Defensa del Congreso de la Republica, que se trataba de nueve efectivos involucrados supuestamente en este problema. Este difícil momento que todavía no termina, demuestra falta de experiencia política del titular del sector, para tratar adecuadamente este tipo de conflictos; más aun, en circunstancias en que se requiere reforzar la imagen institucional de la Policía Nacional y potenciar la moral de su personal, para hacer viable el cumplimiento del plan operativo anticrimen propuesto. Al parecer la agenda en este tema, lo establecen los medios de comunicación, lo cual debe corregirse a la brevedad. 

A pesar de este tropiezo inicial, me parece bien que se anuncie desde el inicio el “qué hacer”, para frenar el crimen, la inseguridad y la corrupción interna, que es clamor nacional; también se supone que estas medidas han sido previamente coordinadas y articuladas con los sectores y organismos afines al problema para asegurar el resultado que se desea alcanzar; pero, lo que no se puede decir abiertamente es el detalle del “como”, el “donde” y el “cuando”, porque se quiebra  la reserva y la ventaja del factor “sorpresa”, que requieren las unidades operativas en la ejecución de sus acciones tácticas, más claro, no se puede alertar a la delincuencia y al crimen organizado sobre las actividades que se piensa realizar, en razón que en la práctica estas pierden efectividad y los resultados tienden a ser incompletos, o no se logran de acuerdo a lo previsto. 

Además, estas actividades programadas para los primeros cien días, requiere elaborar e implementar en forma paralela las fases siguientes por ejecutar después de este tiempo; porque no se debe olvidar que la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado es una lucha sin tiempo, que no tiene tregua, y no se debe bajar la guardia, lo que exige permanentes trabajos multisectoriales de corto y mediano plazo, adecuadamente articulados y coordinados con los órganos involucrados en este problema, y con los recursos logísticos suficientes, para mantener en todo momento la continuidad de las operaciones policiales anticrimen, para que no se repita las contradicciones de los anteriores gobiernos, donde las decisiones políticas sobre este tema, mostraban en la práctica instituciones desarticuladas, falta de liderazgo político, y estrategias operativas tímidamente delineadas que impedían llevarlas a cabo hasta su logro final; dejando entrever desorden, negligencia, corrupción y desconfianza en los órganos de seguridad y justicia, y el crecimiento exponencial del delito. 

Asimismo, es conveniente evaluar con más detenimiento algunos aspectos de los 10 puntos expuestos por el Ministro del Interior, para que en la práctica estos, puedan alcanzar los resultados deseados ; por ejemplo: el pago de recompensas, es una medida que puede emplearse en determinadas circunstancias, particularmente para lograr la captura de “jefes” de organizaciones criminales internacionales, o de bandas organizadas de delincuentes que operan a nivel nacional, cuya captura requiere información adicional de la población. Pero no se puede “masificar el pago de recompensas”, por cualquier delincuente (extorsión, sicariato, violador, etc.). La lucha contra la delincuencia y el crimen organizado es una tarea profesional que cumple la Policía Nacional por mandato Constitucional, para ello se han creado unidades técnicamente especializadas (DIRINCRI, DIRANDRO, DINCOTE, INTELIGENCIA, etc.) capacitadas y entrenadas para ubicar, identificar y detener a los responsables de los diversos delitos y ponerlos a disposición de los órganos de justicia; la masificación de recompensas tal como está concebida, devalúa el trabajo policial, distrae la labor prioritaria de protección ciudadana, es un derroche de los dineros del Estado, y genera en el tiempo “vendettas”, que puede incrementar otros delitos como el sicariato. 

De igual forma, se debe evaluar con minuciosidad la continuidad o desactivación del Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana; actualmente se la considera un ente burocrático, netamente normativo, cuyas decisiones y acuerdos tomados en sus escasas reuniones, quedan simplemente en mandatos teóricos, que no se acatan y que al parecer no tienen ningún alcance en la parte operativa de la lucha contra el crimen. En ese sentido insistir en que el Presidente de la Republica presida las reuniones de este Sistema, es exponer su imagen pública y responsabilidad política por los desaciertos que se deriven de los acuerdos tomados en ella. Lo aconsejable en estos casos es, que todos los problemas que afronta el sector interior sobre seguridad pública deben ser debatidos en el Consejo de Ministros, como seguramente sucede, de tal manera que las medidas de solución y las estrategias de gobierno, sean acordadas en forma colegiada con sus pares, tanto para la fase de la prevención y represión del delito; y coordinadas en los casos que amerita, con el Congreso de la Republica, Poder Judicial, Gobernadores Regionales, Alcaldes provinciales y distritales, etc. Esta forma de actuar, facilita que el gobierno tenga un conocimiento actualizado de los avances de las medidas tomadas en este tema, afirma el liderazgo político del Ministro del Interior en la seguridad pública, y coadyuva al apoyo permanente de los otros poderes del Estado, y de los sectores afines al problema en la parte que les compete. Considerando lo arriba descrito, el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana sale sobrando. 

Finalmente debo reiterar, que para lograr los resultados propuestos en toda Estrategia o Plan Operativo, como en este caso, de lucha contra la delincuencia y el crimen organizado, es fundamental dos requisitos: el cambio de actitud de servicio a la sociedad por parte de los órganos de seguridad y justicia, priorizando la defensa y la protección de los sectores más vulnerables; y la voluntad política de las Instituciones del Estado de querer hacerlo.


                                                                                            Cnel. PNP (r) Julio cesar Garazatúa Vela