lunes, 2 de mayo de 2016

SOCIEDAD Y DEMOCRACIA, REALIDAD Y DESENCUENTROS

Nunca como ahora, la relación entre sociedad y democracia enfrenta serios desencuentros difícil de superar en el Perú; el enrevesado proceso electoral realizado el 10-Abril-2016 con 10 candidatos a la Presidencia de la Republica (inicialmente fueron 19), refleja la punta del iceberg que esconde una serie de problemas (políticos, sociales, judiciales, etc.) cada cual más preocupante que el otro, y lo grave de este asunto es que hace décadas no se vislumbra ningún tipo de medidas para solucionar estas anomalías.

Los acontecimientos que se suscitan en cada proceso electoral, han delineado un nuevo “estilo” de hacer política en el país; donde las denominadas “tachas”, las “encuestas”, las exclusiones y los insultos de todo calibre, han reemplazado a los planes de gobierno, las “propuestas” viables, y los debates alturados, como instrumentos democráticos para acceder al poder; y los que normalmente deben emplear los candidatos para alcanzar los votos ciudadanos.

Este nuevo “estilo” político ha devaluado la práctica democrática en la sociedad peruana, con la anuencia del Estado, del Gobierno, de la clase política, y la complicidad del Jurado Nacional de Elecciones, institución que en este último proceso que esta por culminar, ha tenido una actuación lamentable, que la muestra inviable para conducir adecuadamente estos eventos electorales; al parecer, este mal desempeño se debe entre otras a las causas siguientes: su estructura orgánica considera tres órganos autónomos y descoordinados (ONPE, RENIEC , JURADO NACIONAL DE ELECCIONES), que toman decisiones propias para liderar una sola tarea; y una burocracia toxica enquistada en los Jurados Electorales Especiales (JEE), que en lugar de evidenciar conocimientos técnico-jurídicos e imparcialidad política para solucionar problemas en sus área de responsabilidad, generan dudas y conflictos en sus decisiones, lo que ensucia cualquier proceso democrático.

Ahora bien, para corregir esta problemática debemos tener en cuenta que actualmente el mundo enfrenta una convergencia de crisis y el Perú no es ajeno a ello; crisis que afecta el ámbito social, familiar, de valores, y particularmente los regímenes políticos que han perdido la confianza del pueblo. El sistema democrático considerado el último bastión de equilibrio político en el mundo, se ha deteriorado en el continente; al parecer, porque los Estados no han sabido interpretar oportunamente los cambios vertiginosos en este aspecto que se están dando en el planeta desde 1970. Si nos preguntáramos con honestidad ¿Por qué los peruanos nos estamos acostumbrando a elegir el “mal menor” en nuestros procesos electorales?, ¿tiene la sociedad peruana experiencia democrática? Seguramente la historia nos enrostraría, que el sistema democrático en el país ha sido y es incipiente, endeble, con antecedentes accidentados (interrumpida en algunos periodos por golpes de Estado), estática, sin partidos políticos adecuadamente organizados, con proliferación de organizaciones y movimientos regionales que se forman alrededor de un caudillo, o se conducen por dirigentes inamovibles en los cargos partidarios, y con un Estado ajeno y distante del pueblo.

Además, el país no tiene una “clase política” formada, ni partidos políticos que promuevan a nuevos líderes capaces de enfrentar los cambios del tercer milenio con visión de nación y de futuro; generalmente debemos elegir entre los candidatos de siempre que nos presentan los partidos políticos reciclados, y los desconocidos sin la experiencia necesaria que se aventuran a participar en esta disputa electoral, denominados “outsider”, los que muchas veces generan adhesión en la población y favoritismo en las encuestas, por el rechazo a los políticos tradicionales.

ALVIN TOFFLER
Hace 35 años el escritor Alvin Toffler, sostenía que los líderes del mañana tal vez tengan que enfrentarse a una sociedad mucho más descentralizada, más diversa y desmasificada, una sociedad de “minorías”, que exija replantear el concepto de “Democracia”. La construcción de una nueva sociedad decía Toffler, implica el diseño de nuevas estructuras políticas, no porque las actuales sean malas, sino porque serán inviables e inadecuadas para las necesidades del futuro. Manifestaba, que los gobiernos deben ser colegiados y consensuados, porque los problemas serán tan básicos e interdependientes que no podrán ser resueltos por un solo hombre, o un solo sector. La organización política agrupada en Ministerios orientados a campos concretos: economía, salud, educación, trabajo, etc., tiende a ser anticuado, porque los problemas sociales, económicos y políticos están entrelazados, por ejemplo: la contaminación ambiental requiere la participación de sectores y organismos diversos; el intento de tratar por separado cualquier problema, o de enfocar solamente una parte y no su totalidad, genera rechazo, cuestionamiento y por ende conflictos. Lo importante es producir soluciones coordinadas, colegiadas y consistentes.

Otro aspecto que deben tomar en cuenta nuestros políticos, es que el imperio de la mayoría principio legitimador del pasado se está tornando anticuado. Actualmente no son las mayorías las que cuentan, sino las minorías; los sistemas políticos deben reflejar crecientemente este hecho, en razón que los Estados se están convirtiendo rápidamente en sociedades desmasificadas en lugar de sociedades altamente estratificadas. Tenemos sociedades configurativas en la que cientos de minorías se organizan en defensa de sus propios intereses y exigen soluciones a sus problemas, por ejemplo: los mineros, los moto taxistas, los jubilados, cocaleros, etc. Es la falta de instituciones políticas apropiadas lo que agudiza innecesariamente el conflicto hasta el borde de la violencia, y hace intransigente a las minorías.

Finalmente, es bueno recordar que el agotamiento del “consenso” trastoca el concepto de la representación. Los representantes elegidos saben cada vez menos acerca de los innumerables problemas sobre los que deben decidir, y se ven obligados a confiar en el criterio de sus consejeros y asesores, aumentando la burocracia y el desgobierno. Más claro, el “representante” ya no se representa ni a sí mismo. Por ello, los gobiernos, los congresistas, las autoridades regionales y municipales no pueden conocer las necesidades de las numerosas minorías que nominalmente representan, mucho menos negociar con efectividad las verdaderas causas de los problemas. Lo que explica porque algunas minorías radicalizan su posición, y sus exigencias se vuelven innegociables, lo que paraliza la función institucional y propicia conflictos y represión política.


Es tiempo de percatarnos que el nuevo concepto de democracia, exige mayores canales de participación ciudadana en la toma de decisiones. Es el momento que como nación revisemos nuestras alternativas, para poder elaborar un proyecto nacional inclusivo y reconstruir un nuevo sistema político que nos permita la transición pacífica a la democracia del siglo XXI.


Cnel. PNP (r) Julio César Garazatúa Vela