Por: Julio Garazatúa
Vela (*)
En el Perú el Gobierno ensaya sin
éxito medidas de seguridad pública, y trata de elaborar dispositivos legales
especiales, para contrarrestar las nuevas modalidades delictivas empleadas por
la delincuencia y el crimen organizado, que incluye en sus fechorías no
solamente armas cortas y de largo alcance, sino también el uso de artefactos
explosivos (granadas de guerra y dinamita). Sin embargo todavía no se logra
alcanzar el punto medio que permita controlar el desborde de este fenómeno a
nivel nacional, y menos, conocer la evolución de la criminalidad en el país.
El periodista Británico Ioan
Grillo, en su obra “El Narco- En el corazón de la insurgencia criminal
Mexicana”, describe un testimonio crudo de la violencia criminal mexicana.
Refiere que lo que pasa en México no es un asunto de “mafias”, ni delitos
comunes, sino de “insurgencia criminal”, entendiéndose esta como la existencia
de grupos o bandas criminales armadas, que usan tácticas de guerrillas, pero
sin ideología, sin un programa, tan sólo intereses criminales. Asesinos a
sueldo, extorsión, asesinatos en masa y terror generalizado, es realizado por
una vasta organización criminal, cuya sombra siniestra se proyecta sobre todo
el país.
En una entrevista del medio
televisivo O GLOBO en Brasil al capo “Marcola”, este desnuda una situación
preocupante, que puede convertirse en una realidad próxima en cualquier país
del continente, sino se toman las acciones necesarias para impedirlo. Marcos
Camacho, más conocido por el sobrenombre de “Marcola”, es el máximo dirigente de una organización criminal
de Sao Paulo (Brasil), denominado “Primer Comando de la Capital” (PCC). Las
respuestas de “Marcola” nos aproximan a lo que puede ser el futuro de la
delincuencia y el crimen organizado en América Latina.
Con fines didácticos he resumido
esta entrevista, considerando los aspectos más relevantes, que nos permitan
evaluar con profundidad esta problemática común en nuestro país. “Marcos
Camacho alias “Marcola”, se considera no solamente el máximo dirigente de la
organización criminal de Sao Paulo, sino también una señal de estos tiempos;
manifiesta: que cuando era pobre, era invisible para el sistema, nunca los
tomaron en cuenta durante décadas, y en esa época era fácil resolver el problema
de la miseria. El diagnóstico era obvio; migración rural, desnivel de renta,
pocas villas miserias, discretas periferias, etc. pero la solución nunca
aparecía, nunca se reservó algún presupuesto para ellos; sólo eran noticia en
los derrumbes de las villas en las montañas, o en la música romántica sobre la
“belleza de esas montañas al amanecer”. Afirma: “nosotros somos el inicio
tardío de vuestra conciencia social. Ahora no hay solución posible a este
problema; la propia idea de solución ya es un error. Solo habría solución con
muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto
nivel moral, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución
en la educación, urbanización general; y todo tendría que ser bajo la dirección
de una “tiranía esclarecida”, que saltara por sobre la parálisis burocrática
secular, que pasara por encima del legislativo cómplice, y del poder judicial
que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal
en el país, y comunicación e inteligencia entre los órganos de seguridad y
justicia. Todo esto costaría billones de dólares, e implicaría un cambio
psicosocial profundo en la estructura política del país, como eso es imposible,
entonces no hay solución”. Luego advierte: “ustedes no pueden entrar en la
cárcel y matarme, pero yo puedo mandar a matarlos en la calle. Estamos en el
centro de lo insoluble. Ustedes entre el bien y el mal, y en medio, la frontera
de la muerte. Somos una nueva “especie”, diferente a todo lo conocido. La
muerte para ustedes es un drama cristiano, para nosotros la comida diaria. Mis
“soldados” son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No hay
mas proletarios, infelices y explotados; hay una tercera cosa creciendo afuera,
cultivada en el barro, educada en el analfabetismo, diplomándose en las
cárceles, escondidos en los rincones de la ciudad. Tenemos un nuevo lenguaje;
están delante de una especie post-miseria. La post-miseria genera una nueva
cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, internet y
armas modernas. La periferia tiene ahora millones de dólares por la
multinacional de la droga, con ellos las prisiones son hoteles u oficinas; ¿que
policías o funcionarios públicos van a terminar con esa mina de oro?, nadie, somos una empresa moderna. Ustedes son el Estado
quebrado dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos agiles de
gestión, ustedes son lentos y burocráticos. Nosotros luchamos en terreno
propio, ustedes en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte, a ustedes
les domina el miedo. Nosotros estamos bien armados, ustedes tienen calibre 38.
Nosotros estamos en el ataque, ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía
del humanismo, nosotros somos crueles, sin piedad. Nosotros somos ayudados por
la población de las villas miseria por miedo o por amor, ustedes son odiados.
Ustedes son regionales, provincianos, nuestras armas y productos vienen de
afuera, somos “globales”. Para cambiar esta situación, detengan a los barones
de la cocaína; hay diputados, senadores, empresarios, ex-presidentes, etc., en
medio de la cocaína, de las armas y de la corrupción. Pero ¿quien va a hacer
eso?, nadie. Ustedes solo pueden llegar a algún éxito, si desisten en defender
la “normalidad”. Es preciso hacer una autocritica de su propia incompetencia,
con franqueza, con seriedad, con moral. Todos estamos en el centro de lo
insoluble. Solo que nosotros vivimos de ello, y ustedes no tienen salida,
porque no entienden ni la extensión del problema. Como escribió Dante: Pierdan
todas las esperanzas. Todos estamos en el infierno”.
Los hechos descritos tienen por
objeto despertar del letargo en que se encuentran los gobernantes y la clase
política, en cuanto a las decisiones políticas que se deben tomar para el
tratamiento adecuado del delito y del
crimen organizado en el país; y asimismo, alertar a los órganos de seguridad y
justicia sobre el tipo de enemigo al cual nos enfrentamos, para ello debemos
conocerlo en toda su dimensión, debemos adelantarnos a la evolución de la
criminalidad en el país, para precisar y perfeccionar nuestras estrategias y
procedimientos operativos, que nos permitan contrarrestar sus efectos en
mejores condiciones de éxito, y se
facilite restablecer y mantener el orden y la tranquilidad pública en esta lucha
sin tiempo.
(*)
Crnel. PNP (r)