Cnel.
PNP (r) Julio César Garazatúa Vela
El diario La Republica en su
edición del 13JUL2014, publico un artículo del periodista Mirko Lauer
denominado “La Oroya: circo de tres pistas”, que entre otras cosas dice: “El
caso Doe Run Perú SRL servirá para enseñar en las facultades de Derecho como se
engaña de manera eficiente a un país subdesarrollado”. En dicho artículo, se
explica como el empresario
norteamericano Ira Rennert, poco escrupuloso y propenso a contaminar el
ambiente, se adjudico en 1997-mediante
una cadena de empresas ubicadas en paraísos financieros las acciones de una
sociedad propietaria del complejo metalúrgico de La Oroya y la mina Cobriza. Las
acciones fueron compradas al Estado Peruano con un préstamo que termino
debiendo “Doe Run Perú SRL”. Luego, aumento
el capital con una transferencia que entro al banco peruano por la mañana, y regresó
al banco norteamericano por la tarde del mismo día. Violento todas las normas ambientales.
Por último dejo de pagarles a todos sus acreedores.
Lo cierto es que hasta el momento se
mantiene un proceso de arbitraje en el Centro Internacional de Arreglo de
Diferencias Relativas a Inversiones “CIADI” (Washington), donde si el Perú
flexibiliza los estándares de calidad ambiental con un nuevo operador,
mejorando la que se dio a Doe Run, pierde la demanda arbitral a que está
sometido, y debe pagar 2,000 millones de dólares. Lo curioso de este caso es, que siendo nuestro Estado el demandado no se ha
defendido, por la ausencia de procuradores en las salas de audiencias.
Esta situación como otras similares en algunos
países del mundo, ratifican una vez más que en el Continente las “ataduras
coloniales no han terminado”, que nuestros países continúan depredando sus materias primas en desmedro del desarrollo y bienestar de sus
pueblos, y en beneficio de imperios que nunca dejaron de serlo, solamente se ha
efectuado la mutación de las formas y relevos en el predominio del poder de unos en beneficio de otros. Todavía
procedemos como las “Colonias” del ayer,
con la etiqueta de Estados “subdesarrollados” o “del tercer mundo”, condenados
a sobrevivir bajo el yugo de recetas económicas impuestas desde afuera por
organismos internacionales y obligados a cumplir a rajatabla, sino queremos
convertirnos en “parias” por obra de la moderna “inquisición” mundial
denominada “globalización”. Nuestros Gobernantes en la mayoría de los casos salvo excepciones,
se muestran obsecuentes o simplemente miran hacia otro lado, cuando se trata de
dirimir este tipo de problemas internacionales.
El norteamericano John Perkins,
en su libro “Los Manipulados-Confesiones
de un gánster económico”, describe de manera extraordinaria el trasfondo de
este drama que vive América latina. Perkins, se llama a sí mismo un “ex –
gánster económico”, que durante años trabajo para una consultoría internacional
fomentando el endeudamiento de los países del tercer mundo. Sostiene, que un
gánster económico es parte de una elite de modernos “pistoleros”, que protegen
los intereses de empresas
multinacionales y de ciertos sectores del gobierno estadounidense. Los “gánster
económicos” trabajan de muchas maneras,
pero su estrategia común es, identificar países que poseen recursos codiciados
por sus empresas; luego seducen, sobornan o
extorsionan a los gobernantes de esos países, para que acepten grandes préstamos
para ejecutar obras de infraestructura, prestamos que son canalizados por el Banco
Mundial u otras organizaciones similares
como el Fondo Monetario Internacional;
pero el dinero no va al país, sino a proyectos de infraestructura que necesitan
estas corporaciones, como: oleoductos gasíferos, puertos, plantas eléctricas,
etc., que benefician por un lado a los
intereses económicos de las elites del país, y por el otro, a las grandes
corporaciones extranjeras. Como la deuda es impagable, usualmente se refinancia
incrementando las tasas de interés; en este “intercambio de intereses privados”
se condicionan algunos “acuerdos”, como: los certificados de “buen gobierno”;
la venta devaluada de los recursos naturales; la privatización de los activos nacionales; legalizar
la depredación de los ecosistemas; permitir la construcción de bases militares en el país; enviar tropas en apoyo
al ejército norteamericano en algún lugar del mundo, etc.
Además, “recomiendan” otros mecanismos de
dominio, como: “estructuras de ajuste político”, que consiste en devaluar la
moneda local, cuando la moneda baja también bajan todos los valores asociados a
ellos, esto hace que los recursos codiciados queden a disposición de los países
o empresas depredadoras, a una fracción de su valor; “recorte de gastos
sociales”, particularmente educación y salud, comprometiendo el bienestar y el
futuro de la sociedad, dejando al pueblo vulnerable a la explotación; “privatización
de empresas del Estado”, lo que significa que los sistemas socio-económicos importantes puedan ser comprados y regulados
por corporaciones extranjeras con fines de lucro; “liberalización del
Comercio”, para eliminar cualquier
restricción económica internacional, lo que permite una cantidad de prácticas
comerciales abusivas, en razon que la introducción de los productos en masa de
las empresas transnacionales, quiebran las economías locales, lo que genera
desmotivación y desempleo, especialmente en el campo, al no poder competir en precios
y nivel de producción; entre otras. Cuando los dirigentes de estos países se
resisten propician su derrocamiento, si esta acción fracasa, emplean otros
métodos más agresivos donde intervienen organismos clandestinos como la CIA; y
en última instancia la intervención militar.
Actualmente dice Perkins, vivimos
en una época en que las naciones y los Estados han sido sustituidas por
empresas multinacionales que forman
grandes corporaciones, que se conoce
como la “CORPORATOCRACIA”, término que se puede definir, como grupo de
individuos que manejan estas
corporaciones, y que actúan como un “imperio”; ellos controlan los medios de comunicación
directa o indirectamente; controlan a la mayoría de los políticos, porque
financian sus campañas a través de sus corporaciones o contribuciones
personales de sus gerentes; tienen injerencia
en la formulación de las políticas de gobierno; no son elegidos, no
tienen limite de servicio como si lo tiene un presidente (5 años), no se
reportan a nadie, y no se conoce en qué momento trabajan para la corporación o para el
gobierno. Este proceso de manipulación colectiva de la “Corporatocracia”,
mediante el uso de deudas, sobornos y golpes políticos, también es llamado “Globalización”.
Lo dramático de esta situación,
es que nuestros gobiernos no muestran la voluntad política para cambiar esta realidad;
no se preocupan como dice Perkins, de
examinar los libros contables de las empresas multinacionales, que destruyen y
desangran nuestras economías. Nuestros Estados han sido conformistas e indiferentes demasiado tiempo;
nuestros pueblos han aceptado un sistema económico injusto y salvaje, sin decir
nada, tolerando con paciencia que la situación cambie. Hemos permitido profanar nuestras leyes más sagradas como la Constitución Política, que en nuestro
caso su artículo 1ero expresa:”La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin
supremo de la sociedad y del Estado”. Nos hemos dejado convencer, de que
reclamar o cuestionar a nuestras
autoridades políticas es una traición, cuando realmente es un deber ciudadano,
respaldado claramente en la Constitución
Política.
Debemos tomar conciencia de esta realidad, para decidir si deseamos
continuar viviendo en estas condiciones o buscamos el cambio que materialice el
bienestar social que aspiramos. La respuesta no la tienen los gobiernos, ni las
grandes empresas, ni los políticos. Nosotros tenemos la respuesta; coadyuvando
a la renovación de la actual clase política devaluada y corrupta, propiciando
la promoción de nuevos líderes honestos y con la experiencia necesaria, y eligiendo reflexivamente a candidatos idóneos,
sin dejarnos manipular por campañas
amañadas, ni por efervescencias ideológicas o fanatismos partidarios; podemos reconstruir
el país que queremos sin interferencias extrañas. Es imperativo
comenzar a reescribir nuestra propia
historia.
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