martes, 3 de noviembre de 2015

LA HISTORIA INCONCLUSA



             


Cnel. PNP (r) Julio César Garazatúa Vela



           El diario La Republica en su edición del 13JUL2014, publico un artículo del periodista Mirko Lauer denominado “La Oroya: circo de tres pistas”, que entre otras cosas dice: “El caso Doe Run Perú SRL servirá para enseñar en las facultades de Derecho como se engaña de manera eficiente a un país subdesarrollado”. En dicho artículo, se explica  como el empresario norteamericano Ira Rennert, poco escrupuloso y propenso a contaminar el ambiente,  se adjudico en 1997-mediante una cadena de empresas ubicadas en paraísos financieros las acciones de una sociedad propietaria del complejo metalúrgico de La Oroya y la mina Cobriza. Las acciones fueron compradas al Estado Peruano con un préstamo que termino debiendo “Doe Run  Perú SRL”. Luego, aumento el capital con una transferencia que entro al banco peruano por la mañana, y regresó al banco norteamericano por la tarde del mismo día. Violento todas las normas ambientales. Por último dejo de pagarles a todos sus acreedores.


         Lo cierto es que hasta el momento se mantiene un proceso de arbitraje en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones “CIADI” (Washington), donde si el Perú flexibiliza los estándares de calidad ambiental con un nuevo operador, mejorando la que se dio a Doe Run, pierde la demanda arbitral a que está sometido, y debe pagar 2,000 millones de dólares. Lo  curioso de este caso es, que siendo  nuestro Estado el demandado no se ha defendido, por la ausencia de procuradores en las salas de audiencias.


 Esta situación como otras similares en algunos países del mundo, ratifican una vez más que en el Continente las “ataduras coloniales no han terminado”, que nuestros países  continúan depredando sus  materias primas  en desmedro del desarrollo y bienestar de sus pueblos, y en beneficio de imperios que nunca dejaron de serlo, solamente se ha efectuado la mutación de las formas y relevos en el predominio del poder  de unos en beneficio de otros. Todavía procedemos como  las “Colonias” del ayer, con la etiqueta de Estados “subdesarrollados” o “del tercer mundo”, condenados a sobrevivir bajo el yugo de recetas económicas impuestas desde afuera por organismos internacionales y obligados a cumplir a rajatabla, sino queremos convertirnos en “parias” por obra de la moderna “inquisición” mundial denominada “globalización”. Nuestros Gobernantes  en la mayoría de los casos salvo excepciones, se muestran obsecuentes o simplemente miran hacia otro lado, cuando se trata de dirimir este tipo de problemas internacionales.


               El norteamericano John Perkins, en su  libro “Los Manipulados-Confesiones de un gánster económico”, describe de manera extraordinaria el trasfondo de este drama que vive América latina. Perkins, se llama a sí mismo un “ex – gánster económico”, que durante años trabajo para una consultoría internacional fomentando el endeudamiento de los países del tercer mundo. Sostiene, que un gánster económico es parte de una elite de modernos “pistoleros”, que protegen los intereses de  empresas multinacionales y de ciertos sectores del gobierno estadounidense. Los “gánster económicos”  trabajan de muchas maneras, pero su estrategia común es, identificar países que poseen recursos codiciados por sus empresas; luego seducen, sobornan o  extorsionan a los gobernantes de esos países, para que acepten grandes préstamos para ejecutar obras de infraestructura,  prestamos que son canalizados por el Banco Mundial  u otras organizaciones similares como el Fondo Monetario  Internacional; pero el dinero no va al país, sino a proyectos de infraestructura que necesitan estas corporaciones, como: oleoductos gasíferos, puertos, plantas eléctricas, etc., que benefician por un lado  a los intereses económicos de las elites del país, y por el otro, a las grandes corporaciones extranjeras. Como la deuda es impagable, usualmente se refinancia incrementando las tasas de interés; en este “intercambio de intereses privados” se condicionan algunos “acuerdos”, como: los certificados de “buen gobierno”; la venta devaluada de los recursos naturales;  la privatización de los activos nacionales; legalizar la depredación de los ecosistemas;  permitir la construcción de bases  militares en el país; enviar tropas en apoyo al ejército norteamericano en algún lugar del mundo, etc.


 Además, “recomiendan” otros mecanismos de dominio, como: “estructuras de ajuste político”, que consiste en devaluar la moneda local, cuando la moneda baja también bajan todos los valores asociados a ellos, esto hace que los recursos codiciados queden a disposición de los países o empresas depredadoras, a una fracción de su valor; “recorte de gastos sociales”, particularmente educación y salud, comprometiendo el bienestar y el futuro de la sociedad, dejando al pueblo vulnerable a la explotación; “privatización de empresas del Estado”, lo que significa que los sistemas socio-económicos  importantes puedan ser comprados y regulados por corporaciones extranjeras con fines de lucro; “liberalización del Comercio”, para eliminar cualquier  restricción económica internacional, lo que permite una cantidad de prácticas comerciales abusivas, en razon que la introducción de los productos en masa de las empresas transnacionales, quiebran las economías locales, lo que genera desmotivación y desempleo, especialmente en el campo, al no poder competir en precios y nivel de producción; entre otras.  Cuando los dirigentes de estos países se resisten propician su derrocamiento, si esta acción fracasa, emplean otros métodos más agresivos donde intervienen organismos clandestinos como la CIA; y en última instancia la intervención militar.

               Actualmente dice Perkins, vivimos en una época en que las naciones y los Estados han sido sustituidas por empresas multinacionales  que forman grandes corporaciones,  que se conoce como la “CORPORATOCRACIA”, término que se puede definir, como grupo de individuos que manejan  estas corporaciones, y que actúan como un “imperio”; ellos controlan los medios de comunicación directa o indirectamente; controlan a la mayoría de los políticos, porque financian sus campañas a través de sus corporaciones o contribuciones personales de sus gerentes; tienen injerencia  en la formulación de las políticas de gobierno; no son elegidos, no tienen limite de servicio como si lo tiene un presidente (5 años), no se reportan a nadie, y no se conoce en qué momento  trabajan para la corporación o para el gobierno. Este proceso de manipulación colectiva de la “Corporatocracia”, mediante el uso de deudas, sobornos y golpes políticos, también es llamado “Globalización”.


               Lo dramático de esta situación, es que nuestros gobiernos no muestran la voluntad política para cambiar esta realidad; no se preocupan como  dice Perkins, de examinar los libros contables de las empresas multinacionales, que destruyen y desangran nuestras economías. Nuestros Estados han sido  conformistas e indiferentes demasiado tiempo; nuestros pueblos han aceptado un sistema económico injusto y salvaje, sin decir nada, tolerando con paciencia que la situación cambie. Hemos permitido  profanar nuestras leyes más sagradas  como la Constitución Política, que en nuestro caso su artículo 1ero expresa:”La defensa de la persona humana  y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. Nos hemos dejado convencer, de que reclamar o cuestionar  a nuestras autoridades políticas es una traición, cuando realmente es un deber ciudadano, respaldado claramente  en la Constitución Política.


 Debemos tomar conciencia  de esta realidad, para decidir si deseamos continuar viviendo en estas condiciones o buscamos el cambio que materialice el bienestar social que aspiramos. La respuesta no la tienen los gobiernos, ni las grandes empresas, ni los políticos. Nosotros tenemos la respuesta; coadyuvando a la renovación de la actual clase política devaluada y corrupta, propiciando la promoción de nuevos líderes honestos y con la experiencia necesaria, y  eligiendo reflexivamente a candidatos idóneos, sin dejarnos manipular por  campañas amañadas, ni por efervescencias ideológicas o fanatismos partidarios; podemos reconstruir  el país que queremos  sin interferencias extrañas. Es imperativo comenzar a  reescribir nuestra propia historia.

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