La
nueva hornada de delincuentes en el Continente y particularmente en el Perú, se
forman a temprana edad, tal es así, que la mayoría de los delitos lo cometen
gente joven, menores de edad e incluso niños amparados por sus propios padres o
familiares. Las pandillas son el primer peldaño del delito, donde luego son
reclutados por las bandas organizadas, considerando las vulnerabilidades del
Sistema Legal vigente contra el crimen, que establece todavía que los menores
de edad que delinquen gozan de algunos beneficios que el marco jurídico les
otorga.
Para esta nueva hornada de delincuentes, no existen barreras policiales
o legales que los detengan, ni mal momento para cometer sus fechorías. Lo
realizan en cualquier lugar y a cualquier hora; no interesa si el producto del
robo es un celular, dinero, artefactos domésticos, o el pago para asesinar a
una persona (sicariato), etc. Sus actos delincuenciales no exime nada ni a
nadie; incluso zonas residenciales y comerciales que cuentan con servicio de
seguridad privada son blanco de delito; pero las victimas más frecuentes de
asaltos y robos diarios son los habitantes de los distritos y barrios populares,
donde el temor es creciente y la protección policial insuficiente,
convirtiéndose en una suerte de “zonas liberadas”, donde realmente la vida no
tiene valor alguno. Esta situación ha obligado que en algunas ciudades del
país, como por ejemplo Cajamarca la población haya tomado la justicia por sus
propias manos, y castiguen a infractores de la ley con azotes y otro tipo de
maltratos físicos. Costumbre que ha hecho eco en algunos distritos de la
capital, a través de los “linchamientos populares”, bajo la modalidad
denominada “chapa tú choro”, que genera clamorosas equivocaciones con personas inocentes que son severamente
agredidas, con la secuela de graves daños físicos y en algunos casos la muerte.
Ahora
bien, las medidas de seguridad contra el crimen que implementan los órganos de
seguridad y justicia, muestran improvisación, descoordinación y poco
efectividad para lograr el objetivo de contrarrestar los índices de
criminalidad; además, las acciones operativas y el empleo de los recursos logísticos
disponibles de las comisarias y unidades especializadas (DIRINCRI, DIRANDRO,
etc.) se orientan prioritariamente a la represión de las bandas delictuales y a
combatir los delitos comunes que mas dañan a la población, con resultados poco
halagadores, porque el despliegue operativo y la cobertura territorial son inadecuadas
y poco técnicas. Más aun, no se dispone de una verdadera “política de
prevención” como factor fundamental en la lucha contra el crimen, lo cual merma
la posibilidad de prevenir los factores que potencian la ilegalidad y el
delito. Por ello, la población percibe el accionar de las entidades
responsables de la seguridad pública, como simples defensoras de “hechos
consumados”.
Lucia
Dammert especialista en el tema, sostiene que en muchos países las políticas
públicas sobre este asunto, confunden prevención con disuasión o presencia
policial. Si bien es cierto que la presencia policial es importante para
disminuir el temor ciudadano y mermar algunos actos delictuales, en el fondo es
una medida paliativa. La verdadera prevención requiere el compromiso del Estado
en su conjunto, para asegurar al menos que cinco (5) de los factores más
críticos sean enfrentados de forma integral y sostenidas en el tiempo.
El
primer factor se refiere a la adicción a las drogas y al alcohol, que se
consideran los principales detonantes de conductas violentas e incluso
criminales. Problemas que tienen escasa cobertura, y cuya probabilidad de
control se da de acuerdo al nivel socio-económico del adicto. Las instituciones
políticas y de salud, casi siempre miran al costado o esconden el problema.
El
segundo factor que debe ser prevenido, está relacionado a las enfermedades
mentales, sobre todo aquellas que no son tratadas en su oportunidad (niños y
adolescentes), las que llegan a desencadenar altos niveles de agresividad y
problemas educacionales.
El
tercer factor se refiere a la violencia en el hogar; un niño agredido
constantemente y tratado con violencia en un entorno familiar destruido,
responderá de la misma forma ante cualquier situación, e incluso huir del
hogar, siendo vulnerable a cualquier delito o adicción.
El
cuarto factor se relaciona con los jóvenes que truncan sus estudios por falta
de medios económicos, donde la mayoría optan por trabajar en el ámbito
informal, donde son captados por las pandillas o reclutados por la
criminalidad.
El
quinto factor se refiere a la violación infantil sin distinción de sexo, y al
embarazo prematuro, que trastoca la conducta normal, no solamente de las
victimas sino también de las familias, lo cual dificulta su tratamiento mental
y su integración a la sociedad.
Finalmente, a estos cinco factores debemos agregar la “impunidad
política”, que consiste en que determinados personajes denunciados
judicialmente, se escudan en la inmunidad que les otorga los cargos públicos
que desempeñan, o utilizan el poder político que ostentan para evadir a la
justicia; problema que alienta la
corrupción generalizada, y contribuye a violentar las leyes establecidas, minando la moral, la dignidad y la decencia en
la sociedad.
Estos
factores descritos brevemente no son recientes, tienen raíces históricas en la
sociedad peruana; nunca fueron enfrentadas abierta y directamente por el
Estado, siempre fueron ignorados o tratados tangencialmente, aunque a veces se
emplean como “bandera política” en campañas electorales, para luego ser
olvidados en los programas de gobierno. Los presupuestos asignados para tratar
de resolver esta problemática nacional casi no existen, o simplemente se
emplean como promesas populares para las
encuestas del momento. Por ello, la delincuencia y el crimen organizado crecen
exponencialmente, se combate los efectos no las causas; no existe una “cultura
de prevención” que aminore la criminalidad y la corrupción generalizada. La
represión institucional del delito es un aspecto importante en esta cruzada
anticrimen, pero mientras no se considere una “autentica política de prevención”,
las medidas o estrategias que se ejecuten en este tema, quedaran solamente en
vanos esfuerzos o buenas intenciones.
Cnel.
PNP (r) Julio Cesar Garazatua Vela
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