El nuevo
Gobierno asume sus funciones como tal, el 28 de julio del presente año, con el
compromiso de reordenar y solucionar la problemática interna en muchos
escenarios sensibles del país, particularmente en la seguridad pública, donde
la delincuencia y el crimen organizado han rebasado la débil respuesta de los
órganos de seguridad y justicia, lo que ha generado indefensión y malestar en
la población. Los voceros oficiales del gobierno y el electo Ministro del Interior, aseguran
que una de sus prioridades es la de
contrarrestar la inseguridad pública a nivel nacional; significando para tal
efecto una serie de acciones, tales
como: creación del programa “barrio seguro”,
reformar o refundar la Policía Nacional, disminuir la cantidad de
Generales Policiales, etc. Más claro, la misma receta de todos los gobiernos
que han fracasado en el intento.Ahora bien, he leído y escuchado con mucha atención y preocupación las declaraciones y entrevistas del nuevo Ministro del Interior ante los medios de comunicación, y al parecer deja entrever, lo digo con todo respeto, que aun no existe un plan de acción o estrategias solidas para lidiar con éxito contra el delito que agobia a la sociedad, sus planteamientos todavía son generales y sin objetivos concretos. Debe considerar que los resultados en los cien primeros días de mandato, es la carta de presentación no solamente del sector sino del propio gobierno, ante un pueblo que espera recuperar la tranquilidad y la confianza en sus instituciones muy venida a menos en estas últimas décadas.
Generalmente, los Ministros que asumen la
Cartera del Interior adoptan como primera medida “efectista”, pasar a la
situación de retiro a un número considerable de oficiales de diversos grados
con la “etiqueta” legal de “Renovación Policial”, donde se incluye en un mismo
“saco” sin distinción alguna, a oficiales que tienen problemas de indisciplina
e inconducta funcional, y a, los que tienen una hoja de servicios sin macula;
esta mala costumbre genera malestar y rechazo en los buenos policías que sin razón alguna
son retirados de la Institución, lo que genera el consiguiente reclamo
administrativo y judicial solicitando su justa reposición.
Por
ello, me permito sugerir al electo Ministro del Interior, que no se apure
todavía en ejecutar decisiones burocráticas, como: evaluar el número de
generales que debe tener la Policía Nacional, pases a la situación de retiro,
cantidad de policías comprometidos en casos de corrupción, etc., pues estos asuntos los puede tratar con el
Comando Policial, con detalle e imparcialidad a fin de año, que es la época de
los pases al retiro, ascensos y cambios de colocación. Asimismo, analizar la
decisión de reformar, refundar o reorganizar la Policía Nacional aun es
prematuro, porque las tres acciones son diferentes, y debe decidirse por una de
ellas, aun así, no va lograr concluirlo en tres meses, son procesos que
requieren estudio, evaluación, tiempo, continuidad y ajustes permanentes; esta
tarea puede ser muy bien encomendada al Instituto de Altos Estudios Policiales
(INAEP), que con el apoyo de profesionales especialistas en el tema, preparen
un trabajo viable y técnico en un plazo determinado.
Lo prioritario, es saber la cantidad de
oficiales, suboficiales y recursos logísticos disponibles que tiene la
institución en este momento, conocer el nivel de la moral del personal, como
están distribuidos a nivel regional, resultados de la capacidad operativa de
las unidades administrativas y de línea, calidad del equipamiento, etc., porque
esta información valiosa, le va permitir formular una estrategia de emergencia
sectorial viable a corto plazo, y difundirla a través del Comando Policial, a
los Directores de las Unidades Especializadas (DIRINCRI, DIRANDRO, DINCOTE,
etc.), al Sistema de Inteligencia del Sector (que incluye a la policía) , y a
los Jefes de las Regiones Policiales, para que estos a su vez formulen y
ejecuten sus planes de operaciones tácticas, para combatir la criminalidad de
conformidad a las modalidades delincuenciales que afrontan en su ámbito territorial,
considerando objetivos por resultados en plazos previstos; tarea que debe ser
supervisada en forma permanente por el Sistema de Control (Inspectorias) del
Ministerio como de la Policía. De tal manera, que el objetivo primigenio del
Gobierno de contrarrestar la inseguridad pública en los primeros cien días, sea
viable.
Además, es bueno recordar que la
administración pública en general y la policía en particular tienen
características laborales negativas adquiridas en el tiempo: corrupción y mediocridad;
lo que propicia que las unidades policiales actúen limitada y medianamente, sin
emplear adecuadamente toda su capacidad y experiencia profesional en beneficio
de la institución y de la sociedad; tal es el caso, que ante hechos delincuenciales mediáticos,
difundidos por los medios de comunicación o relacionados a personajes
importantes, estos se resuelven en tiempo record (24 o 48 horas), mientras que
las demás denuncias requieren presión pública de los medios de comunicación y
redes sociales, para que la población agraviada sea atendida en sus denuncias.
Esta situación propicia pérdida de credibilidad y desconfianza en la
efectividad del trabajo policial, más aun, divorcio y animadversión en las
relaciones policía- sociedad, lo que propicia que la mayoría de la población no
acuda a las comisarias a presentar sus denuncias, porque saben que no se
resolverán sus quejas ni recuperaran sus pérdidas, y contradictoriamente
consideran al policía parte de sus problemas.
La Policía
Nacional tiene su Ley Orgánica, que establece su Estructura Organizacional,
funciones y atribuciones para el cumplimiento de su finalidad fundamental y
misión Institucional, dispone de unidades que son el soporte operativo en la
lucha contra la delincuencia y el crimen organizado: como las unidades
especializadas (DINICRI, DIRANDRO, DINCOTE, POLICIA FISCAL, etc) que han sido creadas justamente
para actuar en esos campos específicos y se les debe exigir resultados en
plazos previstos, para lo cual el personal asignado a esas unidades deben tener
la capacitación, preparación y la experiencia suficiente para desempeñar estas
funciones, así como los recursos logísticos mínimos indispensables para
combatir con éxito el crimen organizado. La otra parte, la integran las
comisarias a nivel regional, que son las unidades básicas de prevención y lucha
contra el delito callejero que mas aflige a la población. Las comisarias se
convierten de esta manera en el primer eslabón de contacto entre la policía y
la población, para lo cual deben tener el personal suficiente y preparado en seguridad, orden público,
patrullaje, etc. para prevenir y contrarrestar la delincuencia callejera; priorizando la atención, el servicio y el
acercamiento a la sociedad, debiendo para tal efecto visar un cambio de actitud
positiva hacia la comunidad en la solución de sus problemas.
Finalmente debo manifestar, que en el país
continuamos con la equivocada idea que el combate contra la criminalidad es una
lucha solitaria del Sector Interior y la Policía Nacional, lo que induce muchas
veces a que el Ministro del Interior se desempeñe como Director General de la Policía,
y que el desborde de la Inseguridad Pública sea responsabilidad policial. Esta
costumbre debe corregirse a la brevedad, la lucha contra la delincuencia y el
crimen organizado debe entenderse como una tarea colegiada, donde deben comprometer
su participación decidida, responsable, técnica y coordinada, el Ministerio
Publico, el Poder Judicial, el Poder Legislativo, el Ministerio de Justicia, el
Sistema Nacional Penitenciario, y además todas las Instituciones adscritas al Sector
Interior como: las Superintendencias de Migraciones, SUCAMEC y Gobierno Interior.
Esta forma de trabajo es una necesidad sentida en este tema, esperamos que el
nuevo Ministro del Interior como responsable político de la lucha contra el
crimen, imponga su liderazgo y haga realidad esta aspiración, para devolver en
el menor tiempo posible, la seguridad pública que reclama la población.
Cnel.
PNP (r) Julio Cesar Garazatua Vela

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