Por: Julio Garazatúa
Vela (*)
(Publicado en
Septiembre de 2014)
Los constantes cambios en la
cartera del Ministerio del Interior y de la Presidencia del Consejo de
Ministros reflejan el laberinto que se encuentra el actual gobierno en cuanto
al rumbo político en la conducción del Estado y a la carencia de objetivos concretos
y viables en el Ministerio del Interior
para contrarrestar el acuciante problema de la inseguridad pública.
Al parecer, esta situación ha
generado inquietud y preocupación no solamente en el ámbito político, sino
también en la sociedad en general, por lo siguiente: en primer lugar, el asesor
de gobierno en temas de seguridad, Wilfredo Pedraza, ex Ministro del Interior,
muestra estar desconectado de la realidad cuando se refirió, meses pasados, a la
inseguridad pública como una “percepción”. Actualmente, esta problemática es un
asunto de Estado, que exige del gobierno
acciones inmediatas y viables. En segundo lugar, la inseguridad pública
se ha convertido en un problema crónico en el país, y el que más afecta a la
población, aseveración que se demuestra
en las encuestas de opinión, en las estadísticas nacionales sobre delito y
delincuencia, en la necesidad prioritaria de seguridad que reclama la sociedad
y en el riesgo permanente que ofrecen las calles en cualquier barrio o ciudad
del país. En tercer lugar, el gobierno piensa erróneamente que el cambio de ministros del interior es la
solución al problema de la inseguridad y el desorden público, lo deja entrever
con los continuos cambios que viene efectuando en esa cartera, pero la realidad
nos dice que hasta la fecha los resultados no son los esperados; es bueno
recalcar, que aún el mejor político o el mejor ministro, sería incapaz de
resolver los problemas de inseguridad
que afectan a la sociedad, sino se trabaja en forma colegiada y si no se
reforman las instituciones a través de
la cuales se debe actuar. En cuarto lugar, se insiste en mantener vigente al
Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana, un sistema burocrático que tal como
está diseñado es inviable, por ello en la práctica es casi inactivo, sin
liderazgo político en su conducción operativa;
pero contradictoriamente, se ha convertido en un instrumento político de
campaña en los procesos electorales de los candidatos a gobiernos regionales y
especialmente de los alcaldes, que ofertan la seguridad ciudadana como su
principal objetivo, olvidándose de sus verdaderas tareas vecinales: limpieza
pública, semáforos en buen estado, reparación de pistas y veredas, implementar
mayor señalización y paraderos de transporte urbano, etc.
Seguramente, con la intención de
corregir estos y otros problemas en el tratamiento de la inseguridad pública y
optimizar los resultados en el combate
contra el delito y el crimen organizado, el Ejecutivo solicitó al Congreso de
la República en agosto del 2012, facultades extraordinarias para legislar en
siete materias especificas, siendo una de ellas: “la reforma de la legislación
orientada al fortalecimiento institucional del Ministerio del Interior, de la
Policía Nacional y de la carrera
policial”.
Si bien es cierto, que uno de los
logros de la gestión legislativa del Ejecutivo, fue la promulgación de la nueva
Ley de Organización y Funciones del Ministerio del Interior, Decreto Legislativo Nro. 1135, que
establece el ámbito de competencia, la regulación de la estructura orgánica
básica, la naturaleza jurídica y las funciones del sector; también es cierto,
que es necesario revisar algunos aspectos de dicho decreto, por las razones
siguientes: primero, el decreto legislativo 1135 establece que el Ministerio
del Interior ejerce “competencia exclusiva” a nivel nacional en materia de
orden interno, orden público y lucha contra la criminalidad organizada. Al respecto, es del caso recordar que los
asuntos de Orden Interno, Orden Público y lucha contra la delincuencia, ya
están legislados como finalidad
fundamental de la Policía Nacional, de conformidad a la Constitución Política
del Perú, artículo 166, y a Ley Orgánica Policial; por ende, estas materias se
consideran tácitamente de “competencia
exclusiva” policial, y de responsabilidad política del Ministerio del Interior,
y no es indispensable reiterarlo; al parecer
se menciona este término para
limitar posibles injerencias de otros
sectores u organismos públicos o privados,
en estos asuntos; pero para ello, basta definir los conceptos de Orden
Interno, Orden Público y Crimen Organizado, precisando la dirección y
conducción operativa del sector y su alcance funcional a nivel nacional sobre
estos temas, dejando siempre un espacio legal para la participación de otras entidades,
cuando se deban realizar acciones conjuntas. Segundo, las ex Direcciones
Generales: DISCAMEC, Migraciones y Gobierno Interior que figuraban como órganos
de línea del Ministerio del Interior, actualmente con el Decreto Legislativo
1135, se consideran Organismos Públicos adscritos (art.14), la relación con
el Sector Interior
se reduce solo a la tarea de supervisar el cumplimiento de las políticas
de cada uno de ellos (art. 6); la única institución que se mantiene dependiente
del sector interior es la Policía Nacional (art.13), lo que motiva quizás, que
en la practica el Ministro del Interior se desenvuelva como un supra Director General de la Policía
Nacional, en desmedro de su verdadera responsabilidad política que el cargo le
exige en la seguridad interna del país.
Tercero, la prioridad política del sector interior en estos momentos de
inseguridad generalizada, debe ser la de
concretar un “Plan Estratégico Sectorial integrado”, para restablecer y luego garantizar el Orden
Interno, el Orden Público y la Seguridad Ciudadana, manteniendo el combate sin tregua contra la delincuencia y el crimen
organizado, tal como se viene ejecutando con las unidades policiales a nivel
nacional. El plan estratégico sectorial debe incluir como órganos de línea, a la Policía Nacional como también a los
organismos públicos adscritos, para integrar especialidades y funciones
relacionadas hacia un mismo objetivo: recuperar la seguridad interna y la
tranquilidad pública; plan que debe ser articulado y coordinado con los
sectores afines al problema, gobiernos regionales y alcaldes. La implementación
y ejecución de este plan estratégico operativo es una
deuda pendiente con el país, que hasta la fecha ningún ministro del interior ha
podido cumplir. Cuarto, el Ministro del Interior debe mostrar que ha asumido plenamente las funciones
político-administrativas que por ley le corresponde al sector; y la Policía
Nacional la dirección, conducción, coordinación y control, de todas las actividades
y tareas, que sus funciones institucionales le exigen, de conformidad a su Ley
Orgánica. Lo cual evitaría interferencias institucionales, desorden
funcional y evasión de
responsabilidades; facilitando la supervisión y el control en los niveles que corresponde.
Asimismo, es necesario recordar que existe un Plan Nacional de
Seguridad Ciudadana 2013-2018, aprobado el 12 de julio del 2013 por el Consejo
Nacional de Seguridad Ciudadana (CONASEC),
y refrendado por Decreto Supremo Nro. 012-2013-IN, como Política
Nacional de Estado. Dicho documento establece objetivos generales, y
estrategias ha ejecutar en asuntos de seguridad ciudadana; sin embargo, su contenido todavía debe ser evaluado y perfeccionado para
ser difundido a los organismos y sectores públicos participantes, de tal manera
que las acciones a ejecutar sean viables para el logro de los objetivos
propuestos. Ahora bien, considerando que el Decreto Legislativo 1135,
expresa la voluntad política de mantener
vigente el Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana, se sugiere al Ministerio del Interior como ente rector
del sistema, que en lugar de diseñar una política pública de seguridad
ciudadana que puede resultar inviable en la práctica, se formule un PLAN
NACIONAL DE PREVENCIÓN, como instrumento político de prevención contra delito,
donde participen todos los sectores y organismos afines a esta problemática.
Este tipo de documento es más apropiado a las exigencias de la realidad actual,
mas operativo, es simple en su ejecución, y las entidades participantes a nivel
nacional (policía, gobiernos regionales, alcaldes y organismos públicos),
adecuadamente organizadas, articuladas y coordinadas, trabajarían con sus
propios recursos y en asuntos de su competencia, para alcanzar objetivos y
metas previamente establecidas, en plazos previstos.
Todas las iniciativas que se
relacionan con el tema de seguridad e inseguridad, pueden ser o no aceptadas,
pero lo importante es que antes de desecharlas, sean revisadas
y evaluadas, para que si el caso lo amerita, el sector interior pueda
tener mayores elementos de juicio, para
adecuar su organización y funciones de acuerdo a los requerimientos y
necesidades, que exige su responsabilidad
política de garantizar la seguridad interna del país.
(*)
Crnel.PNP (r)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tus comentarios son importantes y nos interesan