martes, 20 de octubre de 2015

REFLEXIONES SOBRE ÉTICA Y POLICÍA NACIONAL



Por: Julio César Garazatúa Vela (*)
 (Publicado en Junio de 2012) 

Indagar sobre los fundamentos éticos que motivan la conducta humana, deriva evidentemente en la investigación de los valores primarios que la sustentan. 

En este caso particular, el objeto de nuestras reflexiones se orientan a establecer algunos fundamentos que constituyen fuentes generadoras de valores en la conducta de quienes dentro de la sociedad son parte de la Policía Nacional, institución que desarrolla un rol específico al servicio de esta, de conformidad a lo establecido en la Constitución Política del Estado. La Policía Nacional está integrada por personas, en tal sentido, los ejecutores de los actos institucionales son seres humanos, lo que impide considerarlos como meros instrumentos inanimados e impersonales al servicio de la comunidad. El bien común no es extraño al Policía, pues ellos no actúan solamente para los demás, sino también son hacedores directos de su propio bien; asimismo, el éxito y el fracaso no es únicamente de la Institución que integran, sino también de cada uno de ellos, por la representatividad que ostentan. El Policía es un profesional preparado para cumplir una función, debe ser único en ella,  quiere decir, que no puede ser reemplazado por otra persona que no sea otro Policía. Para ello, debe mostrar en todo memento sólida moral, disciplina, consciente y adecuada preparación técnico profesional, cualidades que no son obtenidas al azar, sino adquiridas a través de un proceso de formación institucional y perfeccionadas mediante el trabajo diario, que se caracteriza por un desprendimiento total, aún a costa de la propia vida. 

Ahora bien, el hombre que arriesga su vida en beneficio de los demás es consciente de su dignificación y entrega, producto de la valorización concreta que la sociedad y el Estado le brindarán aún más allá de su muerte.

De no ser así, perdería fuerza su libre determinación. No tendría sentido ni significado trascendente apartándose de esta manera de las aspiraciones de la sociedad. La Institución sin la voluntad de su hombres, perdería su objetivo inicial, y podría generar un nuevo objetivo no regido por el bien común, sino por la nueva realidad distanciada de la sociedad a la que sirve.

Sin embargo, no deja de ser cierto que algunas veces la función, la autoridad y la moral del policía es cuestionada por una serie de acontecimientos que van creando una opinión desfavorable en la ciudadanía.  Entonces, qué hacer ante esta situación. Las alternativas pueden ser muchas, mencionaremos algunas: En primer lugar, el policía debe fortalecer su identidad institucional, relacionando sus aspiraciones personales y las expectativas profesionales que la institución policial le brinda, fundamentalmente una vida digna y un retiro decoroso. Para ello, ésta, debe generar las condiciones que posibiliten concretar, sino todo, gran parte de estas aspiraciones. Por otro lado, el policía se esmera en brindar toda su capacidad y esfuerzo profesional, en beneficio del Instituto, pensando que ser policía es un privilegio pero también un compromiso moral.

En segundo lugar, el policía debe entender que su desempeño funcional debe ser siempre óptimo, más claro, acostumbrarse a mostrar calidad en todas las tareas que le toca realizar, esto se logra conociendo; ¿Qué debo hacer y cómo?, por ejemplo, si una de las tareas es hacer cumplir la ley, lo primero que debe hacer, es conocerla, para saber los alcances y limitaciones de su aplicación; en este aspecto la instrucción permanente, orientada a perfeccionar la función, y los procedimientos técnico – profesionales, son factores básicos para estos logros.

En tercer lugar, fortalecer el sistema de trabajo mediante una real aplicación de estímulos y medidas correctivas. ¿Qué pretendo decir con esto?, Que se debe motivar oportunamente a los policías, para que su desenvolvimiento profesional  se encuentre dentro de los niveles de calidad y excelencia exigidos por la Institución; Así mismo, cuando algún funcionario policial cometa excesos en la función, o actos de inconducta profesional, se hará acreedor a una sanción que debe tener carácter correctivo, aplicada de acuerdo a la magnitud del hecho. En estos casos, se debe distinguir al culpable del responsable; culpable es el causante directo del hecho, el que ha cometido el acto de inconducta, por acción u omisión, con intención o sin ella, con conocimiento o por ignorancia; y responsable es aquel que por la jerarquía del cargo que ostenta, tiene relación directa sobre el culpable, y por diversas razones su autoridad es cuestionada por el hecho en mención. Ambos están sujetos a sanciones que corrijan conductas y actitudes, y al mismo tiempo enseñen a que cada quien asuma la responsabilidad que les corresponde.

Si actúan diariamente de esta manera, se optimizara el reconocimiento de la sociedad a la que sirven, reconocimiento que debe ser real, manifestándose a través de acciones que beneficien a sus integrantes, desde el punto de vista profesional y personal.

También,  la sociedad debe estar convencida de la importancia que la función policial tiene en el desarrollo normal de sus actividades, para ello, debe existir consenso sobre la labor que realiza la Policía Nacional, porque este consenso legitima la función y la hace materialmente posible. 


(*) Coronel (r) PNP

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