Indagar
sobre los fundamentos éticos que motivan la conducta humana, deriva
evidentemente en la investigación de los valores primarios que la
sustentan.
En este
caso particular, el objeto de nuestras reflexiones se orientan a establecer
algunos fundamentos que constituyen fuentes generadoras de valores en la
conducta de quienes dentro de la sociedad son parte de la Policía Nacional,
institución que desarrolla un rol específico al servicio de esta, de
conformidad a lo establecido en la Constitución Política del Estado. La Policía
Nacional está integrada por personas, en tal sentido, los ejecutores de los
actos institucionales son seres humanos, lo que impide considerarlos como meros
instrumentos inanimados e impersonales al servicio de la comunidad. El bien
común no es extraño al Policía, pues ellos no actúan solamente para los demás,
sino también son hacedores directos de su propio bien; asimismo, el éxito y el
fracaso no es únicamente de la Institución que integran, sino también de cada
uno de ellos, por la representatividad que ostentan. El Policía es un
profesional preparado para cumplir una función, debe ser único en ella,
quiere decir, que no puede ser reemplazado por otra persona que no sea otro Policía.
Para ello, debe mostrar en todo memento sólida moral, disciplina, consciente y
adecuada preparación técnico profesional, cualidades que no son obtenidas al
azar, sino adquiridas a través de un proceso de formación institucional y
perfeccionadas mediante el trabajo diario, que se caracteriza por un
desprendimiento total, aún a costa de la propia vida.
Ahora
bien, el hombre que arriesga su vida en beneficio de los demás es consciente de
su dignificación y entrega, producto de la valorización concreta que la
sociedad y el Estado le brindarán aún más allá de su muerte.
De no ser
así, perdería fuerza su libre determinación. No tendría sentido ni significado
trascendente apartándose de esta manera de las aspiraciones de la sociedad. La
Institución sin la voluntad de su hombres, perdería su objetivo inicial, y
podría generar un nuevo objetivo no regido por el bien común, sino por la nueva
realidad distanciada de la sociedad a la que sirve.
Sin
embargo, no deja de ser cierto que algunas veces la función, la autoridad y la
moral del policía es cuestionada por una serie de acontecimientos que van
creando una opinión desfavorable en la ciudadanía. Entonces, qué hacer
ante esta situación. Las alternativas pueden ser muchas, mencionaremos algunas:
En primer lugar, el policía debe fortalecer su identidad institucional,
relacionando sus aspiraciones personales y las expectativas profesionales que
la institución policial le brinda, fundamentalmente una vida digna y un retiro
decoroso. Para ello, ésta, debe generar las condiciones que posibiliten
concretar, sino todo, gran parte de estas aspiraciones. Por otro lado, el
policía se esmera en brindar toda su capacidad y esfuerzo profesional, en
beneficio del Instituto, pensando que ser policía es un privilegio pero también
un compromiso moral.
En
segundo lugar, el policía debe entender que su desempeño funcional debe ser
siempre óptimo, más claro, acostumbrarse a mostrar calidad en todas las tareas
que le toca realizar, esto se logra conociendo; ¿Qué debo hacer y cómo?, por
ejemplo, si una de las tareas es hacer cumplir la ley, lo primero que debe
hacer, es conocerla, para saber los alcances y limitaciones de su aplicación;
en este aspecto la instrucción permanente, orientada a perfeccionar la función,
y los procedimientos técnico – profesionales, son factores básicos para estos
logros.
En tercer
lugar, fortalecer el sistema de trabajo mediante una real aplicación de estímulos
y medidas correctivas. ¿Qué pretendo decir con esto?, Que se debe motivar
oportunamente a los policías, para que su desenvolvimiento profesional se
encuentre dentro de los niveles de calidad y excelencia exigidos por la
Institución; Así mismo, cuando algún funcionario policial cometa excesos en la
función, o actos de inconducta profesional, se hará acreedor a una sanción que
debe tener carácter correctivo, aplicada de acuerdo a la magnitud del hecho. En
estos casos, se debe distinguir al culpable del responsable; culpable es el
causante directo del hecho, el que ha cometido el acto de inconducta, por
acción u omisión, con intención o sin ella, con conocimiento o por ignorancia;
y responsable es aquel que por la jerarquía del cargo que ostenta, tiene
relación directa sobre el culpable, y por diversas razones su autoridad es
cuestionada por el hecho en mención. Ambos están sujetos a sanciones que
corrijan conductas y actitudes, y al mismo tiempo enseñen a que cada quien
asuma la responsabilidad que les corresponde.
Si actúan
diariamente de esta manera, se optimizara el reconocimiento de la sociedad a la
que sirven, reconocimiento que debe ser real, manifestándose a través de
acciones que beneficien a sus integrantes, desde el punto de vista profesional
y personal.
También,
la sociedad debe estar convencida de la importancia que la función policial
tiene en el desarrollo normal de sus actividades, para ello, debe existir
consenso sobre la labor que realiza la Policía Nacional, porque este consenso legitima
la función y la hace materialmente posible.
(*)
Coronel (r) PNP
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