jueves, 22 de octubre de 2015

SEGURIDAD PUBLICA: EL DESCONCIERTO CONTINUA

Por: Julio Garazatúa Vela (*)
(Publicado en Diciembre de 2014)

La portada del diario “CORREO” del 23 de Noviembre 2014, dice: “FF.AA: A LAS CALLES”, y en las dos páginas siguientes se sustenta toda una teoría, con dispositivo legal vigente de por medio, para que las Fuerzas Armadas puedan combatir la delincuencia, argumentando que el delito ha desbordado la capacidad de la Policía Nacional. Y en la “otra esquina”, como dirían los árbitros de boxeo, el gobierno con el Ministro del Interior a la cabeza, es vapuleado y cuestionado duramente, cual “bulling político”, por las estrategias poco efectivas que viene implementando para contrarrestar la inseguridad pública, como  el caso del “Grupo Terna”.
Estos enfrentamientos públicos alentados por los medios de comunicación, no corrigen nada ni conducen a ninguna solución seria, que es lo que realmente espera la población ante un problema tan álgido como la inseguridad ciudadana; al contrario, genera más inseguridad, y más desorden institucional  del que ya tenemos.

Si bien es cierto, que la intervención de las Fuerzas Armadas se encuentra facultada por lo dispuesto en el Decreto Legislativo No.1095 del 01SET2010, que establece las Reglas de empleo y uso de la Fuerza por parte de las FF.AA en el territorio nacional, también es cierto que en el artículo 4° de dicho Decreto Legislativo se norma la intervención de las FF.AA en defensa del Estado de Derecho y protección a la sociedad, pero condicionada a que este apoyo  a la Policía Nacional titular del orden interno (artículo 166 de la Constitución Política del Perú) será proporcionada previa declaratoria del  Estado de Emergencia, con la finalidad de restablecer el Orden Interno (tiene relación con el artículo 137 de la Constitución Política). Además, el mismo artículo 4°, en su inciso 3, dice que este apoyo será para casos de tráfico ilícito de drogas, terrorismo, protección de instalaciones estratégicas, etc.

Al parecer, los agoreros de siempre y los aúlicos del ayer, vienen difundiendo en forma irresponsable una suerte de nuevo apocalipsis relacionándolo con la inseguridad pública, y que la única solución es declarar al Perú en situación de emergencia y que las Fuerzas Armadas asuman el control del orden interno en el país, con el pretexto del desborde de la delincuencia.  Este tipo de opiniones  ligeras, improvisadas e irresponsables,  muestran un desconocimiento total de los conceptos de: orden interno, orden público y seguridad ciudadana;  más aun, desconocen  los mandatos constitucionales establecidos en los artículos 165 (finalidad de las Fuerzas Armadas) y 166 (finalidad fundamental de la Policía Nacional), y los alcances y limites  del marco jurídico vigente sobre este tema en el país.

He reiterado en  muchas oportunidades a través de este mismo medio, que la lucha contra la delincuencia para que tenga éxito, debe ser considerada un tema de Estado y ejecutarse en forma colegiada. Es verdad que el Ministerio del Interior  y  la Policía Nacional  tienen una participación fundamental y decisiva en este aspecto, la Constitución Política del Perú y las leyes  sobre el tema así lo establecen;  pero también el marco jurídico vigente exige la participación profesional, técnica y responsable  del Poder Judicial, Ministerio Público, Ministerio de Justicia, Congreso de la República, Instituto Nacional Penitenciario, Presidentes Regionales,  Alcaldes, entre otros; quienes deben  optimizar  sus esfuerzos y resultados  en la lucha contra el delito. Pero en la práctica se observa un divorcio intersectorial, donde cada institución hace lo que puede y lo que quiere, donde los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, se encuentran atrapados en su propio laberinto, enfrascados en “vendettas”  y acusaciones mutuas  sobre corrupción , “mafias”, tráfico de influencias, etc. hechos que agravan la situación de inseguridad pública que afronta el país, y que no lo soluciona ni las fuerzas armadas con todo su poderío bélico en las calles, si antes, el Estado que somos todos, no ponemos un poco de cordura  y coadyuvamos a que el gobierno recupere la autoridad perdida, y ponga orden, antes que la democracia entre a “cuidados intensivos”. Lo contradictorio de esta realidad, es que habiendo diversas entidades corresponsables de esta problemática, sean el ministro del interior y la policía nacional, los únicos que asuman los desaciertos de esta inseguridad generalizada, al parecer estos cuestionamientos frecuentes, se deben  quizás a las “decisiones mediáticas” del ministro del interior, acostumbrado a publicitar estrategias  policiales como el denominado “grupo terna”, que en lugar de mantenerlo en reserva, realiza una inoportuna demostración  pública que linda con lo grotesco, y donde expone al personal  que supuestamente debe desempeñarse en forma “encubierta”,  lo cual desprestigia la labor policial y pone en duda su capacidad operativa.

Ahora bien, la criminalidad como fenómeno delictivo se manifiesta de tres formas: la criminalidad transnacional que se expande bajo el paraguas de la globalización de las economías (narcotráfico, terrorismo, lavado de activos, trata de personas, etc.); la criminalidad organizada que actúa en bandas y respondiendo a esquemas incluso paramilitares (extorsión, sicariato, marcas, robos a bancos, domicilios, etc.); y la criminalidad menor o “callejera” que se propaga rápidamente en las urbes, a consecuencia de un vasto y complejo conjunto de causas sociales. Esta situación genera una creciente sensación de inseguridad pública, y un enfoque inadecuado de las medidas de seguridad y del empleo de los recursos del Estado; además se observa una deficiente participación de la comunidad en materia de prevención del delito, lo que motiva que la población no se involucre totalmente en esta tarea, imposibilitando consolidar una adecuada relación ciudadano-policía.

La Policía Nacional a fin de recuperar la iniciativa en la lucha contra el delito, debe formular sus planes de seguridad pública considerando dos objetivos principales: la lucha contra la criminalidad transnacional y organizada mediante las Unidades Especializadas (DIRINCRI, DIRANDRO, DINCOTE, etc.), adecuadamente capacitadas, entrenadas y equipadas; y el combate a la delincuencia común o menor, a través de las comisarias a nivel nacional, las cuales además deben considerar un “plan básico de prevención”,  que comprometa la participación ciudadana organizada.  Asimismo, se sugiere retomar el “patrullaje selectivo” mediante el empleo de las “unidades especiales” (Radio Patrulla, SUAT, Policía Canina, Policía Montada, etc.), con la finalidad de cubrir las zonas de mayor incidencia delictiva urbana y rural; este tipo de servicio refuerza  el patrullaje a pie y el patrullaje motorizado que realizan las comisarias con sus propios medios y con el apoyo de los serenos municipales, dentro del ámbito de sus jurisdicciones, de modo tal que se sienta la mayor presencia policial efectiva en las calles.

Estas formas de actuación policial sugeridas, y otras que el Ministerio del Interior y la Policía Nacional  vienen implementando, aunadas a la decisión del Gobierno de corregir,  reorientar y optimizar el desempeño de las instituciones del  Estado sobre este tema, en el sentido de aceptar  que la mejor estrategia para combatir el delito es actuar en forma colegiada, seguramente permitirá a corto plazo mejorar los niveles de la seguridad pública que la sociedad reclama. 

(*) Crnel. PNP (r)

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